|Sábado, Octubre 24, 2020
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En recuerdo de nuestro cura obrero 

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Quien alguna vez lo escuchó, pudo quedarse con los aspectos que en el llamaban la atención: su sencillez, coherencia y honestidad.

Tuve la suerte de conocerlo en sus últimos años, frases cortas pero muy sentidas, fue lo que mi corazón recibió con extrema alegría. Hoy quiero recordarlo como el hermano Pepe, pobre entre los pobres, y que con fe fortalecida se convierte en el Pepe obrero, que compartió junto al que perdía empleo, marchó junto a aquellos que tenían un DDDD en su familia, protegió  cuanto pudo al hijo perseguido.

Hablar de Padre Aldunate, presiento que no le gustaría, sí ser llamado Cura Obrero, dignificando a su mundo, sus familias, su compartir sencillo, con un corazón dispuesto de recibir al Jesús nazareno pobre y caminar junto a él.

El Concilio Vaticano II define a la Iglesia como pueblo de Dios encarnado en la historia, otorgándole a pastores y teólogos, el testimoniar con discernimiento y lucidez a las voces de nuestro tiempo. Junto con ello, la Conferencia de Medellín, en 1968, concede a América Latina el estrenar  una nueva cara relacionada con la fe, su vocación  más profunda que es la promoción de la justicia, reproduciéndose en  la opción preferencial por los pobres. Emergiendo entre 1968 y 1969,  con el nombre de Teología de la Liberación, la que surge con fuerza en este continente latinoamericano, con ayuda de sacerdotes que hicieron vida esta teología, como el recientemente fallecido, Obispo Pedro Casaldáliga. Así respondía al compromiso con el Cristo, que encontraba su manifestación sin duda, en los pobres y olvidados de la tierra.

Existiendo ya dictaduras en América Latina, en Chile, en 1971, se vivía el gobierno del Presidente Salvador Allende. En este escenario surge la Experiencia Calama, que se  desarrolla con la anuencia del Obispo de Antofagasta Juan Luis Ysern. Este proyecto estaba liderado por el sacerdote y teólogo Jan Caminada. Teniendo como objetivo principal una iglesia que viviera en su propia piel los dolores y problemas de aquellos más abandonados, imbuyéndose en su cultura obrera, adquiriendo sus formas de manifestarse y relacionarse, como también generando una experiencia religiosa que llevara su forma de celebrar la palabra, los sacramentos, sus creencias.

Dentro de este grupo conformado por sacerdotes con un profundo sentido evangélico, estaba Jan Caminada, José Aldunate, Mariano Puga, Roberto Bolton, Santiago Fuster y otros.

Así al comenzar esta misión obrera, nuestro hermano Pepe habría de despojarse de la cultura burguesa y del clericalismo, y adoptar una lucha sindical, mostrando una iglesia posible de entrar en el mundo obrero, porque el obrero jamás podría entrar en el esquema de la Iglesia de ese tiempo.

Al poco andar, se dio el golpe militar, los extranjeros pertenecientes a la Experiencia Calama, serían en su mayoría sacados del país y los chilenos se reencontrarían posteriormente, aproximadamente en 1975, en lo que se conocería como el Equipo Misión Obrera, conocido en clandestinidad como el EMO.

Los sacerdotes chilenos, entre ellos José Aldunate, encuentran en plena dictadura, la forma de hacer vida el evangelio y es así como EMO, colabora en el salvataje de los perseguidos por la dictadura militar, reestructuran las comunidades de base, conforman los Vía Crucis populares y dan vida a la revista “No podemos callar” y posteriormente a “Policarpo”.

Acompañan a familiares de detenidos desaparecidos, conforman el Movimiento contra la tortura, que posteriormente llevaría el nombre de Sebastián Acevedo. Son parte de instancias de diálogo, organización, centros de estudio y de pensamiento, participando en retiros, encuentros y actos de solidaridad.

Logran, en compañía de otros, movilizar y aglutinar personas de diferentes sectores socioculturales  y económicos, de ascendencia cristiana y a veces no creyentes, alcanzando forjar una  comunidad fraterna en fidelidad al Dios que profesaban, que era un Dios con cara de perdón, de misericordia, y que se regalaba en comunidad.

Así es como pese al miedo, a la tortura y la muerte, muchos chilenos pudieron encontrar en este querido hermano una forma de seguir viviendo.

Querido Padre Pepe, a un año de tu Pascua te recordamos con un corazón agradecido, tu modo de manifestarte como lo hizo Jesús, y que conmovió a cuantos estuvieron cerca de ti. Por los que ayudaste, por quienes compartieron contigo el pan, por quienes salvaste, por las familias que uniste y las que formaste, por aquellos a quienes despediste, hoy te recordamos. Desde donde estas ayúdanos a pedir por nuestra patria, que puede por fin tener una Nueva Constitución que nos rija, donde se respete al pobre y al que no lo es, donde sea posible deshacerse de esa dictadura que hasta hoy tiene víctimas y familiares que esperan.

En medio de una parte de la Iglesia que abusa y encubre, que protege delincuentes y vulnera a víctimas, una jerarquía en quien ya no tenemos confianza. Una Iglesia que pareciera estar muda, ciega y sorda, que ya no tiene prójimo ni hermano. Allí surge tu recuerdo que acompaña.

Tú presencia se hará compañía cada día que urja hacer algo por nuestros hermanos.

            ¡No nos olvidaras, Nunca te olvidaremos!

Raquel Sepúlveda Silva

www.reflexionyliberacion.cl

José Aldunate Lyon – La Ventana Ciudadana

 

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