Abril 22, 2024

Ezzati y su silencio ante el crimen de un Hno. Salesiano

 Ezzati y su silencio ante el crimen de un Hno. Salesiano

Ricardo Ezzati Andrello, siendo el Superior Provincial de los Salesianos calló ante el crimen brutal del P. Gerardo Poblete, SDB.

El sacerdote salesiano Maximiliano Ortúzar Cariola estaba sentado en la Comisaría de Iquique. Cerca de las siete de la tarde de aquel domingo 21 de octubre de 1973, apareció el sacerdote Gerardo Poblete. Venía esposado. Sus vestimentas revueltas. Rostro amoratado. Ortúzar no alcanzó a ver su pecho. “Me están golpeando”, le dijo silencioso en un hilo de voz. Ortúzar era el director del Colegio Salesiano Don Bosco de Iquique, donde Poblete hacía clases. Dos carabineros se lo llevaron. Momentos antes, el director de Don Bosco vio un reguero de sangre cuando pidió ir al baño en el cuartel.

Una hora después, el mayor Enzo Meniconi se acercó a Ortúzar y le dijo que el padre Poblete estaba muerto. Ortúzar pidió verlo. Subió a la enfermería y lo vio. Ahora también vio su pecho y abdomen amoratados. Le dio la extremaunción. Ortúzar supo entonces que el salesiano murió en la tortura.

Convulsionado, el director de Don Bosco buscó una solución: convino con Carabineros para que se informara a los alumnos y apoderados del colegio que el padre Poblete, en verdad, murió de un ataque al corazón. “Quise salvar la honorabilidad de los carabineros jefes que parecían inocentes”.

Para confirmar la mentira, Ortúzar llamó al comandante Martínez del Regimiento Carampangue de Iquique, que obraba como “Contralor de Educación”. Martínez selló la mentira.

Al día siguiente, el comandante de la División de Ejército en Iquique, general Carlos Forestier, cambió “oficialmente” la causa de muerte: el bando N°5 publicado en la prensa, informó que el padre Poblete falleció por las lesiones “a causa de resbalar en la pisadera del furgón de Carabineros que lo conducía esposado a la Comisaría, cayendo pesadamente al pavimento”.

El informe de autopsia estableció: “Causa de muerte anemia aguda generalizada debido a hemorragias agudas por desgarros pulmonares originados por fracturas de arcos costales toráxicos, como consecuencia de accidente casual al caerse pesadamente en el pavimento desde el furgón”.

De todo aquello, y más, Ortúzar informó a Santiago al “Provincial Salesianos de Chile, Ricardo Ezzati Andrello”, en una larga carta fechada dieciséis años más tarde, el 19 de noviembre de 1989. La verdad del crimen del padre Poblete seguía oculta. A la fecha de esa carta, la congregación salesiana la mantenía todavía en secreto. Hasta entonces, nada. Ninguna noticia de la verdad de su muerte a su familia. Menos a la opinión pública.

En la carta, Ortúzar dijo a Ezzati: “Estoy dispuesto a colaborar en todo lo que la congregación me pida, si es su deseo aclarar ante la opinión pública lo sucedido. Respecto de la forma como murió Gerardo, estoy dispuesto a declarar todo lo que me pidan, pero no sería yo capaz de tomar la iniciativa”.

Pero Ezzati, como Superior Provincial Salesiano de Chile, tampoco la tomó y prefirió seguir silenciando el crimen. Para eso ya existía un “informe” oficial.

Un mes después del crimen del P. Poblete, a Iquique arribó una comisión enviada por Pinochet y la Junta militar integrada por el coronel Nehemías Vega Hernández y el capitán Jorge Acuña Ahumada, para “investigar” lo ocurrido con el sacerdote. El “informe” confirmó la caída del furgón, estableciendo que el padre Poblete murió por un “hecho casual” y “no hubo violencia en su persona”.

La carta que el sacerdote Ortúzar envió a Ezzati es el documento más completo, que se sabe, Ezzati haya recibido con los detalles de cómo mataron al P. Gerardo Poblete.

Diez meses después de la fecha de esa carta, Ezzati acompañó al sacerdote Ortúzar a declarar ante la Comisión Rettig. Ortúzar contó muy resumidamente los hechos. Ezzati solo declaró que en Concepción tuvo oportunidad “de conversar con una persona que ocupaba un alto cargo en el Poder Judicial, quien manifestó que el P. Poblete había muerto por tener destrozado todo su interior”. Ahí estaba la doble confirmación que Ezzati tuvo del crimen que calló como Superior Salesiano de Chile.

Doce años después, cuando Ricardo Ezzati ya no era el Superior Salesiano de Chile, recién el 24 de enero de 2001, la congregación clamó justicia y se querelló por “crímenes de guerra, lesiones y secuestro agravado con homicidio”. El nuevo Superior, P. Bernardo Bastres Florence, querellante, designó para ello al abogado Nelson Caucoto. Conocida entonces recién por la familia la verdad de la muerte del padre Poblete, esta se querelló también el 28 de octubre de 2002 por el crimen, representada por su hermana, Edmee Poblete Fernández.

El 30 de marzo de 2003, La Nación Domingo publicó una extensa crónica titulada: “No mentirás: La historia escondida del crimen del padre Gerardo Poblete”. El reportaje, cuyo autor es quien firma esta crónica-columna de opinión, remeció a la comunidad salesiana.

El 20 de octubre de 2003, por primera vez la congregación salesiana reivindicó la figura mártir del padre Gerardo Poblete, en una eucaristía realizada en el Templo de la Gratitud Nacional de calle Cumming. De cuerpo presente, pues sus restos fueron exhumados para ser periciados debido a las querellas. A la eucaristía asistió la congregación en pleno, la familia, apoderados, alumnos y amigos.

Como periodista de La Nación, un día llegué a una casa de retiro en Lo Cañas, comuna de La Florida, para entrevistar al sacerdote Maximiano Ortúzar. Le pregunté por qué mintió tanto, pero después confesó la verdad ante su superior Ezzati en esa carta: “Sentí miedo a todo lo que estaba pasando… si me dicen ‘me están golpeando’, pensé que querrían golpearnos a todos”, respondió.

Después llamé por teléfono a Ricardo Ezzati, que ya no era el Superior Provincial de los Salesianos. Le pregunté por qué, si Ortúzar le relató en esa carta los detalles de la verdadera causa de muerte del padre Poblete, él no ordenó hacer lo que la congregación salesiana hizo después en 2001, presentando una querella y luego esa eucaristía reparatoria para limpiar la mentira que encubrió su crimen.

No recuerdo las palabras exactas de su respuesta, pero fueron excusándose de no querer “hablar más del tema”. Dijo “muchas gracias” y cortó la llamada. Así mantuvo su silencio.

En septiembre de 2009, la sala penal de la Corte Suprema condenó a los suboficiales de Carabineros (r), Blas Barraza Quinteros y Froilán Mondaca Sáez, a seis años de prisión efectiva por el crimen del P. Gerardo Poblete.

Jorge Escalante / Periodista

Editor