Junio 25, 2024

Sigue el dolor y la sangre en el Gólgota

 Sigue el dolor y la sangre en el Gólgota

 Estamos a pocos días de la Pascua, la fiesta más importante de un cristiano, pero para llegar a ella hay que pasar por la cruz, por el calvario y por la crucifixión.

Y ese hecho histórico sucedió hace más de dos mil años en aquellas callejuelas de Jerusalén, que ahora son su rico y colorido mercado. 

Como bien decía un sacerdote, el sufrimiento de Jesús en la cruz mostró la naturaleza devastadora del pecado, la crueldad de la humanidad y el odio de Satanás: latigado, coronado de espinas haciendo cargar un pesado leño al hijo de Dios: “no hay en él parecer, no hay hermosura que atraiga las miradas, ni belleza que agrade. Despreciado, desecho de los hombres, varón de dolores, conocedor de todos los quebrantos, ante quien se vuelve el rostro, menospreciado, estimado en nada. Desde la planta de los pies hasta la cabeza, no hay en él nada sano. Heridas, hinchazones, llagas podridas… (Profeta Isaías)”.

En el Calvario, se le permitió a la humanidad hacer lo peor al Hijo del Hombre cuando se convirtió en el Redentor de la humanidad. Satanás puede haber pensado que había obtenido una gran victoria, pero fue mediante la cruz que el Hijo de Dios triunfó sobre Satanás, el pecado y la muerte.

Y parece que, en ese mismo territorio, la crueldad de la humanidad sigue latigando y coronando de espinas a un pueblo desnudo y hambriento. Curioso… curioso pensar que ese ‘punto geográfico del mundo’ existió para ser lugar de unión entre Dios y los hombres, del encuentro entre la eternidad y la historia; y ahora todos los analistas internacionales lo llaman ‘el infierno en la tierra’. ¡Curioso!

Y sí; el Gólgota sigue sangrando porque allí a pocos kilómetros, hay más de dos millones de palestinos que están soportando por cerca de cinco meses de tortura, hambre extrema, falta de agua, enfermedades y recursos médicos extremadamente limitados.

Es una pesadilla, hora tras hora, en riesgo de sufrir hambre, dolor y enfermedades prevenibles, así como ataques aéreos impredecibles en campamentos precarios o refugios.

Casi el 70% de las casas y lugares de Oración en Gaza han sido destruidas, dejando cerca del 90 por ciento de la población desplazadamuchos estableciendo refugios con material recuperado, en cobertizos o en edificios sin terminar.

Allí, expuestos a temperaturas nocturnas que pueden llegar hasta los 5° C (41 °F), las mujeres embarazadas, recién nacidos y los ancianos corren riesgo de morir o enfermar gravemente.

Esas noches son frías y lluviosas están desde diciembre, y las madres temen que sus hijos mueran de hambre, hipotermia o enfermedades. Y que decir de la incomodidad: muchas familias han estado empapados una y otra vez durante la noche. El agua entra e inunda los pocos colchones que tienen. 

Y encima de esta situación catastrófica, muchos medios de comunicación informan como el ejército israelí lanza a menudo folletos ordenando la evacuación de civiles de ciertas áreas a otras. Es enfermizo, intolerable.

Numerosas personas de todas las edades se encuentran apiñados en improvisados refugios que ya tienen más de cuatro veces su capacidad y, en promedio, quinientas personas comparten un inodoro.

Expertos han advertido que toda la población de Gaza, los dos millones que aún quedan, corren un riesgo inminente de desaparición por hambruna, si sobreviven a la muerte cruel del bombardeo diario que desde los aviones del ejército israelí reciben los palestinos indefensos, hambrientos, desnudos, sin techo, empapados y moribundos.

Qué triste historia para los palestinos en Gaza, sin pretenderlo y sin saberlo, ellos completan en su carne lo que inició con la pasión de Cristo, ocurrida a pocos kilómetros, miles de años atrás… allá, un viernes santo, en el Gólgota.

Randa Hasfura/ Diplomática Palestina

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