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Detenida monja acusada de abusos sexuales a menores 

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Además, la Justicia Argentina ha identificado a dos Sacerdotes, un celador, un monaguillo y un jardinero que cerraban el círculo vicioso de una organización criminal que operaba bajo la fachada de un Colegio católico. La Iglesia Diocesana,  todavía no se pronuncia sobre los graves delitos en que incurrieron las personas imputadas en los Tribunales de Mendoza.

La religiosa Kosaka Kumiko de nacionalidad argentina y de la Congregación de Hijas de María Santísima del Huerto, acusada de ser partícipe de los vejámenes sexuales en contra niños hipoacúsicos en el Instituto Próvolo de Mendoza, declaró hoy ante el fiscal a cargo de la investigación tras ser llevada a la provincia luego de su detención en Buenos Aires.

La religiosa llegó ayer por mañana a la capital mendocina y fue trasladada a la Unidad Fiscal de los Tribunales provinciales, donde prestó declaración ante el fiscal Flavio D’amore, a cargo interinamente del expediente por licencia de su colega Gustavo Stroppiana.

Fuentes judiciales informaron que Kumiko detalló cuáles eran sus funciones en el Instituto Próvolo y negó las acusaciones de abusos sexual de niños sordos y otros vejámenes, por los que están detenidos e imputados dos sacerdotes y empleados del establecimiento de la localidad mendocina de Luján de Cuyo. No obstante, la monja quedó imputada formalmente como “partícipe necesaria”.

Kumiko estuvo acompañada por el abogado Carlos Álvarez, quien al llegar a los tribunales anticipó que pedirá la prisión domiciliaria de su defendida. La religiosa fue acusada por una de las víctimas de ser quien seleccionaba y entregaba a los niños para ser sometidos a abusos sexuales, y también de participar de los vejámenes.

Uno de las niñas que denunció haber sido abusado por uno de los sacerdotes del Próvolo cuando tenía 5 años, declaró en Cámara Gesell que la monja Kumiko era quien les colocaba los pañales a los chicos abusados para ocultar los abusos.

En ese sentido, el abogado querellante, Sergio Salinas, dijo que la víctima, que hoy tiene 17 años, “apuntó en su testimonio, en lenguaje de señas, a una monja con ‘rasgos achinados en el ojo'”. El abogado sostuvo que la niña afirmó en su declaración que “una de las monjas que la golpeaba sabía lo que pasaba y que además veía cuando se les exhibía pornografías” y detalló “que en el lugar había cadenas y la esposaron de las muñecas”.

La monja, sobre la que pesaba un pedido de captura nacional e internacional, estuvo prófuga cerca de un mes y se entregó el martes en una dependencia judicial porteña. Ni su Congregación ni las autoridades eclesiásticas sabían el paradero de la religiosa.

Fuentes del caso precisaron que se le preguntó porque creía que las víctimas la señalaban. A lo que respondió que era una cuestión de plata o de política. Asimismo, explicó que por más que los religiosos hagan voto de pobreza son parte de “un cuerpo, el cuerpo de la Iglesia, y cuando tocan a una parte del cuerpo nos tocan a todos, y por eso podríamos pedir ayuda a otras partes de la Iglesia”, dijo por la mañana.

A la tarde, se le consultó si quería ampliar esa respuesta y respondió afirmativamente: “Yo no les creo a las víctimas porque en Mendoza hay un boom de denuncias a monjas y sacerdotes, es una moda”, indicó en la audiencia que terminó recién a las 20 y en la que se habló de todo, bajo secreto de sumario.

El abogado de los estudiantes Sergio Salinas, de la Ong Xumex ofreció detalles a la prensa argentina: «Una joven de 17 años, que asistía al instituto, declaró que sufrió abusos cuando tenía 5 y que Kumiko le colocó un pañal para detener la hemorragia que le había generado la vejación. Otra víctima –continúa– contó que la monja la mandaba a la habitación del cura Horacio Corbacho (también detenido), donde también abusaron de ella. Por último, recoge testimonios que dicen que la religiosa participó en tocamientos sexuales a niñas, les pedía que se tocasen entre ellas y veían pornografía junto al celador Jorge Bordón (otro detenido) en un televisor».

Kosaka Kumiko, de 60 años, se encargaba del cuidado y atención de los chicos sordos que pernoctaban en el colegio, que también disponía de un régimen abierto. De día, de acuerdo con las denuncias, solía golpearles y obligarles a ingerir demasiados alimentos hasta que los chicos vomitaban en su plato. Al caer la noche, una vez que había seleccionado a los más vulnerables, se aprovechaba de ellos o los entregaba al resto de los detenidos. Dos sacerdotes, un celador, un monaguillo y el jardinero de la institución cerraban el círculo vicioso de esta organización criminal que operaba bajo la fachada del colegio.

Kumiko, al saber que la policía había librado una orden de detención y sus presuntos cómplices estaban bajo arresto, huyó. Permaneció un mes en paradero desconocido pero el jueves se entregó en una comisaria de la ciudad Bonaerense.  Desde allí fue trasladada a Mendoza. En su primera declaración negó los cargos. «Soy inocente. No sabía de los abusos. Soy una persona buena que he entregado mi vida a Dios».

Los otros dos religiosos detenidos son: el italiano Nicolas Corradi, de 82 años era el padre superior del colegio. Lo trasladaron a Argentina después de que se destaparán, desde 1984, una serie de denuncias de abusos sexuales en Verona. Horacio Corbacho, de 56, fue el primer cura en terminar su formación especializada para tratar con niños sordos en la Compañía de las Hermanas de María, una orden religiosa de la que depende este colegio.

Conmoción e impacto ha causado los terribles hechos que han revelado víctimas que pasaron por el Instituto Próvolo de Mendoza, Argentina. Los jovenes denunciaron haber sido abusados sexualmente por, Nicolas Corradi (82), Horacio Corbacho (56), José Luis Ojeda (50), Armando Gómez (46) y Jorge Bordón (50), dos de ellos sacerdotes. Y la historia se vuelve más tórrida por el papel central de Kosaka Kumiko, una religiosa de origen japonés que tenía la labor de guiar espiritualmente mente a los niños más vulnerables del Instituto, pero que en cambio, los entregaba a los abusadores y también está acusada de participar en algunos de los casos que han sido presentados.

El testimonio de las víctimas es desgarrador, una joven que ahora tiene 17 años, acusa que cuando tenía cinco años fue violada y la monja le puso un pañal para esconder el sangrado producido por el abuso y, luego la obligó a estar de pie en clases, ya que, por los dolores no se podía sentar.  Son tres casos en los que está imputada la Kumiko a quien acusan de que, además de participar activamente en los vejámenes, también gritaba y maltrataba a los niños que como agravante sufrían  de hipoacusia -pérdida parcial de la capacidad auditiva-.

Kumiko, estuvo durante un mes prófuga, hasta ayer, que se entregó en Buenos Aires, de ahí la trasladaron a Mendoza y estuvo durante nueve horas siendo interrogada por el Fiscal. Aunque se declaró inocente, el testimonio de las víctimas ha sido crucial para dejarla tras las rejas del penal de mujeres de Cacheuta, en medio de la montaña mendocina.

“No sabía nada de los abusos. Velaba por los niños”, dijo tajante ante el fiscal, según consiga el medio transandino La Nación. Está imputada por; comisión por omisión del delito de abuso sexual con acceso carnal, en concurso ideal, con abuso sexual gravemente ultrajante, agravado por ser el autor encargado de la guarda, y por ser cometido contra un menor de 18 años de edad aprovechando la situación de convivencia preexistente con el mismo”.

Agencias en Mendoza   –   La Nación de Buenos Aires   –   Reflexión y Liberación

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