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Reflexiones postnavideñas 

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Ya pasó un mes del vendaval navideño, del consumo desenfrenado y las insensatas aglomeraciones en los centros comerciales, a pesar de todos los llamados a cuidarse y cuidarnos.

También, luego de un mes, muchas de las chucherías y juguetes regalados ya están rotos o inservibles por inútiles, y ya han desaparecido los viejos pascueros con su compañía de renos, duendes y otros engendros mitológicos que brillan al compás de campanas y luces intermitentes. También, las fiestas navideñas han dejado más contagios del virus, más deudas y una montaña de buenos deseos con el repetido saludo de “feliz Navidad”.

Puede ser un buen momento para pensar en algunos aspectos de lo que sucede en estas fiestas. Hace un par de años entré a un local comercial y pregunté a una persona que atendía dónde estaban los pesebres, me respondió “aquí no vendemos pesebres, sólo hay adornos navideños”. Así, la horrible estética de los adornos navideños y los mitológicos pascueros y sus acompañantes han reemplazado al personaje cuyo nacimiento -se supone- que se está celebrando. Para mucha gente, el Señor Jesús es el gran ausente de la fiesta o sólo hay un vago recuerdo de su nacimiento.

Todo esto sucede mientras los cristianos tratamos de vivir y celebrar la presencia viva del Señor Jesús, que en su nacimiento nos trae la Buena Nueva de Dios que habita en medio nuestro. El Papa Francisco dijo “el consumismo nos ha secuestrado la Navidad”, y no sólo el consumismo, también diversas expresiones culturales y, entre ellas, la política. Por ejemplo, un buen amigo mío, que es ateo y comunista, me envió por las redes sociales una tarjeta de saludo de su partido, con un árbol navideño adornado con la hoz y el martillo, deseándome una “feliz Navidad”. Por cierto, este buen amigo y tantos otros consumidores navideños parecen no darse por enterados que “Navidad” significa “nacimiento” (viene del latín “nativitas” = nacimiento), y que decir “feliz Navidad” significa decir “feliz Nacimiento”; sin embargo, aquel que ha nacido está -para muchos- totalmente ausente de la fiesta.

Así, la celebración cristiana del nacimiento del Señor Jesús se ha transformado en una fiesta social, comercial y cultural en la que se derrochan buenos deseos de paz y alegría, una fiesta de los regalos, pero sin Dios, sin el Niño que ha nacido. Para muchos es difícil de comprender la deriva propia de una sociedad que culturalmente es postcristiana, en la que quedan algunas fiestas y símbolos, pero que han sido vaciados de su significado religioso original. Es un asunto complejo, pero eso es lo que sucede en Navidad.

El secuestro de la Navidad al que se refirió el Papa Francisco, implica que es necesario rescatar la celebración del nacimiento del Señor Jesús de la fanfarria consumista. Por eso, aunque a algunos pueda parecer descabellado, lo mejor que podríamos hacer los cristianos es cambiar la fecha en que celebramos el nacimiento del Señor Jesús, dejando el 25 de diciembre para que la sociedad postcristiana celebre su fiesta de los buenos deseos de paz y alegría, su fiesta de los regalos y de los personajes mitológicos que han creado (por ejemplo, ¿cuántas personas sabrán que el viejo pascuero es un personaje inventado por la Coca Cola en una campaña publicitaria de 1931, vistiéndolo con los colores de esa bebida, y que así se difundió por el mundo entero, igual que la Coca Cola?).

Quizás, puede parecer descabellada la propuesta de cambiar la fecha de la celebración cristiana de la Navidad, pero sucede que no sabemos la fecha en que nació Jesús, pues en los Evangelios no hay ningún dato al respecto. Sólo en el siglo IV comenzó a celebrarse en Roma el 25 de diciembre como la fiesta del nacimiento del Señor Jesús, aprovechando que hasta entonces, en el Imperio Romano, en esa fecha celebraban -con el solsticio de invierno- la fiesta del “nacimiento del sol invicto”. Sólo desde entonces comenzó a difundirse el 25 de diciembre para celebrar el nacimiento de Jesús. También actualmente hay diferencias: las iglesias cristianas occidentales celebramos la Navidad el 25 de diciembre, pero las iglesias cristianas orientales la celebran el 6 de enero. Es decir, la celebración cristiana de Navidad no está amarrada a una fecha, sino a un acontecimiento cuya fecha desconocemos.    

A los cristianos nos importa la vida del Señor Jesús, de su nacimiento a su muerte y resurrección, porque de eso depende lo estamos llamados a ser y qué debemos hacer los que creemos en El; por eso es necesario rescatar la celebración navideña del secuestro consumista y cultural. Le propongo que lo piense y, a lo mejor, en algún momento podremos ir dando pasos nuevos.

P. Marcos Buvinic

La Prensa Austral  –  Reflexión y Liberación

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