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Decisiones, ¡cada día! 

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El plebiscito constitucional que hoy estamos viviendo, me trae el recuerdo de una antigua canción -de mitad de los años 80- del cantautor panameño Rubén Blades “Decisiones”, que en su estribillo decía: “Decisiones, cada día. Alguien pierde, alguien gana, Ave María. Decisiones, todo cuesta. Salgan y hagan sus apuestas, ciudadanía”.

Estamos ante una de esas decisiones importantes que marcan la vida de un país. Una de esas decisiones que, para algunos, para los militantes de cualquiera de las dos opciones, no es compleja y les parece obvio que hay que votar por tal o cual opción. Para otros resulta una decisión complicada, pues tratándose de un asunto importante y cuya adecuada comprensión supone conocimientos jurídicos, han escuchado opiniones de personas sensatas y competentes que señalan buenas razones para votar por el rechazo o el apruebo del texto constitucional propuesto.

Es una decisión que cada persona debe tomar en su conciencia, ejerciendo su libertad, y la libertad de cada persona se acrecienta al ejercerla; lo mismo pasa con la democracia: se fortalece al ejercerla. Independientemente del resultado, esto es algo muy valorable de este plebiscito binario, porque realiza la decisión de ser un país que vive en democracia, respetando la voluntad de la mayoría de los ciudadanos.

Pero también se trata de una decisión compleja porque, como dice la canción “alguien pierde, alguien gana”, y sea cual sea la opción que gane, será -al parecer- por pocos puntos de diferencia, lo cual significa que casi la mitad del país se sentirá frustrado o temeroso, y un país así dividido no es mucho lo que puede avanzar. De la misma manera, imagino que no debe ser nada fácil gobernar un país con ese grado de polarización, con frustraciones o temores de casi la mitad de la gente, es decir, de los que perdieron. Ya lo decía el Señor Jesús: “todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina, y toda ciudad o familia dividida contra sí misma no permanecerá firme”.

Por eso, “decisiones, todo cuesta”, dice la canción. Sin duda se requiere mucha grandeza de ánimo -eso es la magnanimidad, y eso cuesta- tanto de los ganadores como de los perdedores del plebiscito, si es que queremos seguir siendo un país democrático donde nadie le pase una aplanadora por encima a otros. El respeto a quienes tienen una opción distinta es una de las fuentes de la democracia. Más todavía, esos que sean los perdedores -frustrados o temerosos- son el prójimo con quienes los que resulten ganadores tienen que convivir cada día en el país que somos. Y somos un pueblo que quiere vivir en paz y creciendo, no sólo creciendo económicamente, sino que en todas las dimensiones que puede crecer una comunidad humana, para el bien de todos los ciudadanos.

Sin duda, sea cual sea el resultado, tendrá su costo para los que resulten ganadores y para los que salgan perdedores. Un costo de grandeza de ánimo y generosidad para seguir dialogando con “los otros” y buscando acuerdos para construir un “nosotros” como país. “Decisiones, cada día” sigue diciendo la canción, y la decisión importante es la de seguir viviendo como un país democrático a partir del 5 de septiembre; se trata de una opción de cada día en el respeto a cada persona, en el diálogo con todos, en la búsqueda del bien común.

“Salgan y hagan sus apuestas, ciudadanía”, dice la canción de Rubén Blades. Y la apuesta no es sólo por el modo en que votemos en este plebiscito, sino que es seguir apostando por la democracia, no sólo como forma de gobierno, sino como estilo de vida y convivencia; seguir apostando por el respeto a cada persona, por el diálogo para construir el “nosotros” y la búsqueda del bien común.

A partir de mañana, las decisiones están en las manos de todos, sean ganadores o perdedores; es la decisión de seguir apostando por la democracia. Pero, también esa decisión está -de manera importante- en manos de los líderes políticos de todos los colores para buscar en un diálogo generoso y creativo los caminos que nos permitan seguir siendo un país que sea bueno para todos. Creo que todos esperamos, tanto los que sean ganadores y los que sean perdedores, que los políticos y todos los que tienen alguna autoridad en el país estén a la altura de la tarea de construir un “nosotros” que sea mejor y bueno para todos.

Marcos Buvinic

La Prensa Austral / Reflexión y Liberacón

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