Febrero 27, 2024

Permanecer en las preguntas

 Permanecer en las preguntas

Es un cúmulo impresionante de cambios que vivimos en la sociedad, en la cultura y en todas las instituciones. Cambios en los modos de relacionarnos entre las personas, cambios en la familia, cambios en la manera de comprender y vivir la autoridad, cambios en la vivencia de la sexualidad, cambios en las comunicaciones y en la información, y una muy larga lista de cambios que tocan nuestra vida diaria.

Todos estos cambios van generando una ansiosa búsqueda de respuestas que nos permitan comprender lo que vivimos y hacia dónde caminamos. Pero esa misma ansiedad de respuestas suele hacer más difícil encontrar lo que buscamos, porque la ansiedad nos hace querer todo al instante, rápido, y… las cosas no son así… Entonces, podemos quedar entrampados en un pantano de confusiones y sin un horizonte hacia donde avanzar con nuestras preguntas.

A las preguntas que todos nos hacemos acerca de la sociedad, de la cultura, de la familia, de las instituciones; o sobre qué pasará con la nueva Constitución o los vaivenes de la economía, o las preguntas de fondo que atenazan -en modos diversos- toda vida humana: ¿qué es la vida?, ¿qué es la muerte?, ¿cómo hay que vivir?, ¿cómo hay que morir?, ¿en quién hay que creer?, etcétera; a todas esas preguntas hay que darles tiempo para madurar.

Rainer Maria Rilke (1875-1926) fue un poeta y escritor austríaco que, en su conocido libro “Cartas a un joven poeta” le dice al discípulo que “tenga paciencia con todo lo que no está resuelto en su corazón e intente amar las preguntas mismas”. El joven poeta está ansioso de respuestas a sus cuestionamientos y Rilke busca serenarlo: “No busque ahora las respuestas que no se le pueden dar, porque usted no podría vivirlas. Y se trata de vivirlo todo. Viva usted ahora las preguntas”. El consejo del poeta Rilke puede ser un faro que ilumine las ansiedades de estos tiempos inciertos e invadidos de preguntas. Nos dice que quien sabe vivir con preguntas en su interior se mantiene en búsqueda de vivir algo nuevo y mejor.   

Ante el aguijón de las preguntas, que muchas veces nos hacen sentir impotentes ante un futuro incierto y lleno de amenazas, la tentación está a la mano y tiene rostros diversos. El rostro más evidente de la tentación es eliminar las preguntas y vivir “sin rollos”, buscando el bienestar económico y los goces que puede ofrecer, porque… “comamos y bebamos que mañana moriremos”.

Otro rostro de la tentación es el de acogerse a pseudo respuestas plagadas de seguridades, son las respuestas “express” de todos los fundamentalismos e ideologías cargadas de certezas que, sin discernimiento, eliminan las preguntas (y a los que preguntan) desde sus certezas incuestionables. La historia está llena de tragedias generadas por quienes han cedido a esta tentación. La tentación de abandonar las preguntas puede tomar otro rostro más sutil: es el rostro del escepticismo que se enfrenta al callejón sin salida que ha construido al eliminar la posibilidad de respuestas. El escéptico no es alguien que permanece en las preguntas, sino que es alguien que abandonó la búsqueda de respuestas.

Permanecer en las preguntas es una vivencia propia del camino de la fe cristiana, porque la fe no elimina las preguntas, más aún, a veces, las acrecienta. La fe en el Señor Jesús nos enseña a vivir con las preguntas, nos enseña a permanecer en ese misterio insondable que es Dios, y abiertos al misterio -también insondable- de su voluntad. Así, en medio de las preguntas de todo tipo que llenan la vida de las personas, la fe en una invitación a “vivir las preguntas” -como decía Rilke- y crecer con ellas en la esperanza de la luz.

Es importante notar que el Señor Jesús hizo de sus preguntas uno de los principales modos para instruir a sus discípulos y para que sus mentes y corazones se abrieran a la luminosa novedad de la acción de Dios que actúa rompiendo la inercia de las respuestas socialmente establecidas, o religiosamente modeladas, o aceptadas de manera irreflexiva. Seguramente, el apóstol Pedro habrá hecho memoria muchas veces de lo que el Señor Jesús le dijo durante la última cena:Tú no puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás” (Jn 13,7); lo importante era que permaneciese en las preguntas, que permaneciese en búsqueda y abierto a la luz que se le daría. Así, quien aprende a vivir con preguntas en su interior es alguien que se mantiene en búsqueda de vivir algo nuevo y mejor.   

Marcos Buvinic Martinic / Punta Arenas

La Prensa Austral   –   Reflexión y Liberación

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