|Sábado, Septiembre 21, 2019
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La gracia transformadora en nuestra Iglesia chilena 

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Queremos y creemos estar en la opción por la construcción de una Iglesia evangélica y sin tentaciones de poder, y con convicción deseo pensar que la oración de muchos fieles del mundo pueden lograr que este sueño, que un día quiso conquistar Juan XXIII sea posible de ser logrado  por el Papa Francisco.
Nuestra esperanza se concreta con el año de la misericordia, año de jubileo que otorgará el perdón a los de corazón manso y humilde. La gracia del Padre Francisco nos alcanzará a todos, más allá de lo que la Curia Romana quiera. Nadie quedara excluido, ni menos se podrá  considerar no llamado a recibir este gran regalo.
El mensaje encomendado es querer demostrar con hechos que la Iglesia es misericordiosa, y quién impida el cumplimiento de este mandato, no será fiel al Evangelio. Me pregunto en lo personal, cuantas veces he traicionado el mensaje del Maestro. Mi sola condición humana me hace responder que sin quererlo, yo he fallado, y pido perdón por ello.
Este acto no excluyente de la recepción de la misericordia, sin duda aumentará la credibilidad de la Iglesia, siempre y cuando cada Obispo, y cada sacerdote obediente a su Obispo, pertenecientes a cada Diócesis, y entre todos fieles al Papa, sean capaces de comprender que lo contrario será ser infiel respecto de lo que el mismo Señor nos quiere mostrar hoy y nos quiso mostrar a lo largo de su vida.
Cada puerta, cada ventana se abrirá al mundo, para que podamos descubrir, que mensaje del Maestro experimenta nuestra Iglesia y dejar que entre la luz transformadora de Dios, es pues que no hay nada que esconder.
Esta Indulgencia Plenaria, este perdón que se nos regalará a todos es signo de que somos eternamente amados por el Padre, tal y como lo es el Hijo Pródigo. Bienaventurados nos debemos sentir por ello. Y los pobres, los marginados, los que tienen hambre y sed de justicia, los que están siempre ocupando el último lugar en la fila, recibirán esta gracia antes que nosotros, y siento que es bueno, que es un acto de justicia, porque los que más responsabilidades llevamos a partir de nuestra fe, debemos ser siempre los que lavamos los pies al mendigo, al leproso, al que está sucio. Y anhelar ser Iglesia Samaritana, dar de beber a quién nos lo pida, y pedir anhelantemente tener sed de Dios.
Descubrir que sin la experiencia de la misericordia nada somos y por ello es importante preguntarse, como viviremos en nuestra Patria este año de la misericordia. Siento que con mucho por aprender, mucho por realizar, y mucho por cambiar, porque la sola experiencia de lo que ha sido nuestra Iglesia en los últimos meses, no deja de conmovernos por el desconsuelo, y debemos creer en la legitimidad de los actos que serán necesarios de descubrir.
Los que creemos ya no queremos más descalificaciones, comentarios hechos al pasar que vayan en contra del llamado que Cristo nos hace hoy a cada uno de nosotros. Sería doloroso descubrir que hermanos nuestros no pueden gozar de lo que el mismo Señor nos regala a todos sin exclusión.
Estamos en presencia de grandes cambios, por un lado una Iglesia transformadora y por otro de  reformas en la Curia, lo cual no debe ser para nadie ajeno. La gracia de una Iglesia transformadora, debe incluirnos a todos, desde nuestro Obispo hasta nuestros Hermanos en el Clero, mucho más si hemos sido víctimas de no experimentar de su parte la gracia transformadora que anhelamos y que necesitamos de corazón. La misericordia tan necesaria para cualquier ser humano.
Ruego para que nuestra Iglesia Chilena no esté exenta de estos regalos que recibiremos desde nuestras particulares realidades, y siento que es necesario pedir la oración de Raúl Cardenal Silva Henríquez, de Monseñor Enrique Alvear, y del Padre Alberto Hurtado, para que seamos escuchados en nuestra oración, como también del agradecimiento por la presencia de muchos sacerdotes que entregándonos lo mejor de su vida han dado testimonio de su misericordia para con sus hermanos como el Padre José Aldunate, el Padre Mariano Puga, y el Padre Felipe Berríos, como tantos otros que hemos podido descubrir.
 
Ruego para que nada entorpezca la unidad que podemos llegar a vivir, si las voluntades  personales se omiten y permitimos que se realice solo la voluntad del Maestro.
PADRE…ESCUCHA NUESTRAS PLEGARIAS, HERMOSO SERÍA QUE NUESTRA IGLESIA SE CONVIRTIERA EN EL HOGAR DE CRISTO.
 
Raquel Sepúlveda Silva
 
www.reflexionyliberacion.cl
 

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