|Viernes, Diciembre 6, 2019
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Celebración por la vida / Percival Cowley ss.cc. 

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La ley de despenalización del aborto en tres causales (riesgo de la vida de la madre, inviabilidad del feto y violación) que promueve el Gobierno se discutirá este martes 6 de septiembre (NdR).

Estimo que celebrar la vida es también celebrar el pensamiento. Sobre todo, me parece que ello es esencial en medio de una sociedad plural, donde no quiero creer que haya muchos que se inclinen por un aborto libre. Trataré de entrar en precisiones. Quizá esto ayude a otros a proceder del mismo modo y a alcanzar así un mayor rigor para la discusión presente y para el futuro.

1. Se habla de una ley de despenalización del aborto en tres causales. Eso significa, en primer lugar, que para hoy y para mañana subsisten las penalizaciones en todos los demás casos. Si la pena subsiste, es porque subsiste el delito.

En segundo lugar, conviene tener presente que si se habla de despenalizar, nada se dice en contra de la existencia del delito. Porque, claro, puede haber un delito objetivo, que no tenga pena (v.gr., por razones de edad).

2. Es bueno hacer presente que las tres causales son diferentes y, por lo mismo, requieren grados diversos de complejidad legislativa. La primera causal carece de toda complejidad, porque no hay delito, y, luego, tampoco penalización. La segunda causal ya trae complejidad consigo, y por ello requiere cautelas legislativas que salven, por un lado, el valor objetivo de la vida humana y los eventuales derechos de la madre y del padre y, por otro, dejen espacio suficiente a la llamada “conciencia perpleja”, sin olvidar, en este caso y en el siguiente, todos los apoyos que la sociedad organizada debe ofrecer a las mujeres que viven situaciones de esta índole, como también las medidas preventivas posibles.

En la tercera causal, el de la violación, seguramente el legislador buscará las precisiones del caso para la prueba del delito de violación, sin olvidar, por cierto, que la eventual despenalización tiene que ver con la víctima, y no con el victimario, a quien se ha visto bastante ausente en la discusión pública.

3. Resulta fundamental no olvidar que nadie, en ninguno de los casos señalados, podría verse obligado a recurrir a alguna suerte de aborto. Esta afirmación resulta básica para quien pretenda vivir cristianamente. Con todo, es bueno tener presente que la moral cristiana acude al discernimiento antes de tomar decisiones importantes como estas. La moral cristiana no actúa mecánicamente.

Percival Cowley, SS.CC.  –  Santiago de Chile

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