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Situación actual de la Iglesia en Osorno 

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Situación actual de la Iglesia en Osorno, consecuencias del nombramiento del Obispo Barros

El 10 de enero, se cumplieron dos años que se hiciera público el nombramiento de Don Juan de la Cruz Barros Madrid, como quinto Obispo de Osorno; a todas luces un error inesperado por parte de cierta jerarquía de la Iglesia Católica. No fueron menores las diversas reacciones surgidas, tampoco la perplejidad o el abierto rechazo de diversos actores a nivel local, nacional e internacional, con la petición que renuncie al cargo.

Este error generó un problema mayor y sin precedentes. En la actualidad la Iglesia de Osorno se ha convertido en inoperante, disminuyendo la asistencia de fieles a las celebraciones de la fe, ejemplos de ello fueron la notoria disminución de fieles en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María del pasado 8 de diciembre de 2016; o la misa de Aniversario de la Pascua de Monseñor Francisco Valdés, efectuada este año a puertas cerradas, en una catedral con poca presencia de fieles.

El problema de Osorno ha trascendido, y lo seguirá haciendo. Muchos comienzan a ver con normalidad esta situación, otros acusan ideologización o manipulación, algunos ya no se interesan en el tema. Lo objetivo, tenemos un Obispo ausente, que dice tener miedo por su integridad, sin el carisma para convocar a su grey. Pero que hasta hoy ha sido incapaz de abrirse a un diálogo sincero y abierto con todos los miembros de la comunidad eclesial local.

En seis ocasiones se ha intentado iniciar un proceso de diálogo, mas él se ha negado. Los sacerdotes y diáconos han intentado hacer lo propio, la negativa ha sido la misma. Es doloroso decirlo, pero pareciese que Don Juan de la Cruz no ama la Iglesia que le fue encomendada pastorear. Tan grave es el problema al interior del clero de Osorno que hay sacerdotes y diáconos que no participan en las celebraciones que preside el Obispo.

En el pasado mes de noviembre, un grupo de personas fue a Punta de Tralca, donde se encontraban todos los Obispos Chilenos, quienes –por encargo del Comité Permanente- designaron una comisión de tres Obispos para escuchar parte de lo que vivimos los católicos en Osorno. El día anterior, el Obispo Barros abandonó la reunión por razones que se desconocen públicamente. Nuevamente fracasó el diálogo con él.

La Iglesia de Osorno, en la que nos formamos con pastores cercanos, hoy está profundamente herida, divida e inoperante, no existen lineamientos claros, ni un liderazgo que pueda conducirla. El Obispo Juan Barros se comprometió el 28 de marzo de 205 a reiniciar el II Sínodo Diocesano iniciado en 2013 y a finalizar las Orientaciones Pastorales diocesanas con los lineamientos para el trabajo pastoral.

Por otro lado, las pocas personas que están colaborando en las actividades pastorales terminan justificando al Obispo Barros. Es tal la gravedad del conflicto existente que las actividades que se realizan son aisladas, poco comunicadas, dónde este tema está vetado para dialogarlo. Muchos nos encontramos en la periferia eclesial. Lo peor es que quién debe ser garante de unidad no está preocupado por su grey, ni de la vivencia de su fe, produciéndose la separación de esta con la vida cotidiana.

La realidad del clero es compleja y dolorosa, muchos se encuentran enfermos por depresión, otros cautivos de sus miedos o decididos a hacer comunidad con cada vez menos hermanos y hermanas, aferrándose a cada vez menos grey. Algunos sacerdotes están siendo hostigados constantemente por el Obispo, con visitas a su casa, llamadas por teléfono a cada momento o amenazas sobre la oposición manifiesta. Hay quienes decidieron tomarse un tiempo fuera de Osorno. Por otro lado, los diáconos se encuentran divididos, hacen lo poco que pueden, varios no participan en las Eucaristías que él preside. No se sabe que sucede con los seminaristas o diáconos en tránsito, más de alguno se tomó un tiempo. La vida religiosa está encerrada en sus obras. Con un Obispo como Juan Barros es imposible hacer de la Diócesis una escuela de comunión: su pasado vinculado al sacerdote Karadima, la eclesiología del Bosque y su autoritarismo son elementos que le impiden ser pastor.

A varias parroquias Don Juan Barros no ingresa porque le negaron el acceso o simplemente no lo invitan. Agentes pastorales no quieren ya participar en sus comunidades. Otros se incomodan al saber que realizará alguna actividad y varios nos restamos si él está. Existen familias que se encuentran distanciadas que ya no se hablan, ni saludan. Hermanos y hermanas de comunidad no se hablan, miran ni saludan. Todo esto es consecuencia del problema primigenio que se hizo saber antes del 21 de marzo de 2015, día que se realizó la entronización del Obispo en la catedral.

Mucho podemos decir frente a esta situación dramática. Pero es menester señalar que el Obispo debe ser padre, amigo y hermano para todo el pueblo de Dios, siempre abierto al dialogo, ya que “es principio y constructor de la unidad de su Iglesia particular y santificador de su pueblo, testigo de esperanza y padre de los fieles…”, como nos enseña el Episcopado Latinoamericano en el Documento de Aparecida en los números 188 y 189.

Felipe Navarrete Moya – OSORNO

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