|Lunes, Mayo 29, 2017
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Jesús de Nazaret y la Mujer (II) 

diaconesse

   Las palabras van al corazón
cuando han salido del corazón
      (Rabindranath Tagore)


1.- ¿Qué mujeres se acercaban a Jesús?
Leyendo el Evangelio descubrimos que las mujeres que se acercan a Jesús son:
-Mujeres del entorno social más bajo de aquella sociedad.
-Mujeres que se acercan a Jesús para que les eche una mano y las cure, como María de Magdala, que estaba muy enferma. Eso nos quiere decir el Evangelio al señalar que tenía siete (número simbólico en la Biblia) espíritus malignos.
-Mujeres viudas e indefensas, esposas repudiadas, sin recursos, poco respetadas y consideradas de fama más que dudosa.
-Algunas incluso presuntas prostitutas, consideradas todas como la peor fuente de impureza y contaminación moral. Eran tanto o más “prostitutos” los hombres pero no se les aplicaba esta connotación ética tan negativa.

2.- ¿Cómo trataba Jesús a aquellas mujeres?-A todas estas mujeres las acogía Jesús junto con todos los entonces considerados pecadores, y que incluso se sientan a comer con El. La mesa de Jesús donde acoge a todas y a todos no es la mesa judía donde solo podían sentarse los varones, ni es la mesa ritual de los fariseos.

Cuando Jesús nos habla de los pobres a los que anuncia una buena noticia, nos quiere decir que llega a los pobres y a las pobres, que ellos y ellas serán los primeros y las primeras en el Reino de Dios.

Jesús defiende públicamente a aquellas mujeres tachadas de prostitutas por los escribas y fariseos que se consideraban los puros y santos cuando les dice: “hipócritas y farsantes: hasta las prostitutas os precederán en el Reino de los Cielos”.

Algunas mujeres acompañaban habitualmente a Jesús, junto con los demás discípulos, como Juana, María, Susana y Salomé, y otras más que iban con El desde Galilea. Aceptarlas en su compañía supone en Jesús una madurez auténtica de ser lo que El quiere ser, sin sentirse obligado para nada por aquella sociedad machista. Jesús destacó y resaltó el valor de cada persona ante Dios, especialmente de los pobres, oprimidos y marginados, como lo eran especialmente las mujeres. Jesús no vivía entre los privilegiados, sino entre los marginados e indefensos, rechazados y abusados.

-De ahí que los fariseos critican a Jesús porque acoge a pecadores y pecadoras, a las que acepta y se deja acompañar por ellas. Jesús tiene muy claro lo que debe hacer y por eso no se asusta, no se retrae ante ellas, ni las condena. Las acoge con amor comprensivo. Aquellas mujeres nunca habían estado tan cerca de alguien que les hace recobrar su dignidad. Algunas incluso lloran de emoción y agradecimiento como María Magdalena, sin duda una de las más desgraciadas de todas, que se arrodilla a sus pies, se los lava con sus lágrimas, y tan pobre era que no tiene otra cosa para secárselos que su pelo. Estas pobres mujeres no se consideraban dignas de nada, y menos de Dios. Jesús daba la cara por ellas y las defendía tenazmente, porque defendía los derechos de todos y de todas, hasta el punto que este compromiso le llevó a ser perseguido y asesinado. Las palabras de Jesús les llegaban al corazón, porque le salían del corazón.

3.- ¿Qué encontraban estas mujeres en Jesús?-Estas mujeres encuentran en Jesús alguien que las acepta, las valora, les devuelve su dignidad, se acerca a ellas sin recelos ni prejuicios, hasta el punto que algunas de ellas, probablemente las más solas y marginadas, se aventuran a seguirlo por los caminos de Galilea, porque en el movimiento de liberación de Jesús y su acercamiento a los más pobres y marginados ven una alternativa de vida más digna y humana. Solo ven en Jesús respeto, comprensión y una simpatía hasta entonces desconocida. Jesús no pronuncia una sola palabra contra ellas, antes al contrario, les dice a los hombres que el que las mira con malos deseos ya ha cometido adulterio en su corazón, y más porque los hombres de entonces consideraban mucho más grave la seducción de la mujer que la lujuria del varón.

Jesús valora la valentía de estas mujeres que lo siguen, y lo hace en un momento muy crítico cuando, cargando con la cruz camino de la crucifixión, ve que lo siguen doliéndose y lamentándose por él, se dirige a ellas y les dice: “no lloréis por mi, llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos”. Hasta en este momento tan horroroso, terriblemente torturado y camino del patíbulo, Jesús piensa más en los demás que en si mismo. Y se preocupa en aquel trance de muerte de una mujer: ella es su madre, María. Por eso le dice a Juan: “ahí tienes a tu madre”. Juan lo entendió y la acogió en su casa.

Todavía en nuestra sociedad se considera más grave un desliz en la mujer que en el hombre, pero Jesús en aquella sociedad pone el acento en la responsabilidad de los hombres. No pueden justificarse culpabilizando a las mujeres de su mal comportamiento, como hicieron los llamados padres de la iglesia del siglo IV, cargando sobre la mujer todas las culpas y maldades, como pecadora e incitadora del hombre a pecar. De esta calificación arranca la concepción medieval de la mujer como un objeto, una posesión, o un mal inevitable, solo necesaria para los trabajos más ingratos y la reproducción. Esta situación llevó a la mujer a buscar argucias para salir un poco de su marginación como reflejan Gonzalo de Berceo o el Arcipreste de Hita. Hasta hace 200 años las mujeres han tenido que estar calladas. Fue el movimiento romántico el que dio a las mujeres casi la primera oportunidad de expresarse con un poco de libertad, aunque en muchas áreas geográficas aun siguen completamente marginadas, y por supuesto en la iglesia oficial la primacía absoluta la ostentan los hombres.

4.-Tener hijos no lo es todo en la vida.-En aquella cultura judía la mujer que no tenía hijos ya no servía para nada. Pero para Jesús tener hijos no lo es todo en la vida, por lo que a aquella mujer que le dice dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te alimentaron”, Jesús le contesta “dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen”, lo cual suponía comprometerse en la construcción del Reino de Dios para el bien de toda la humanidad.

5.- Jesús no reprocha, no humilla, no condena.-Otra escena muy elocuente es aquella en que un grupo de hombres le traen a Jesús una mujer que estaba teniendo relaciones sexuales con un hombre casado y le dicen a Jesús: “La Ley manda apedrearla hasta que muera, tu ¿qué dices?”. Ya traen piedras en las manos. La vienen acusando a ella pero del hombre no dicen nada. Jesús les contesta: “El que esté sin pecado que le tire la primera piedra”. Empezando por los más viejos se fueron marchando todos con las piedras en sus manos hasta que quedaron ella y Jesús solos. Jesús la mira y le dice: “Mujer, ¿nadie te ha condenado?”. Ella que acaba de librarse de morir apedreada (algo que sigue en vigor hoy en algunos países), le contesta a Jesús: “Nadie, Señor”. Y Jesús le contesta: “Tampoco yo te condeno, vete en paz y no peques más”. Jesús confía en ella y de sus labios no brota la más mínima reprensión ni condena.

6.- Jesús reconoce y valora todo lo positivo de las mujeres
.-Jesús hace a las mujeres salir del anonimato y acceder a la luz pública. Ensalza su trabajo, como en la parábola de la levadura haciendo el pan, en la búsqueda por toda la casa de las monedas perdidas, en la viuda que exige y consigue justicia del juez. Ensalza la generosidad de aquella viuda que solo tenía dos monedas de cobre y echa las dos en el cepillo. Los demás echaban de lo que les sobraba, pero Jesús reclama la atención de los discípulos hacia ella y les dice: “esta viuda ha echado más que nadie porque echó todo lo que tenía para vivir” Otra mujer que llevaba varios años enferma de pérdidas de sangre, enfermedad entonces considerada indecente, se acerca a Jesús con mucha fe, le toca el vestido y sin más queda curada. Jesús la rehabilita ante los demás diciéndole públicamente: “Tu fe te ha salvado, ya estás curada, vete en paz”. En otra ocasión Jesús alaba la fe grande de una mujer de Tiro que le pide que cure a su hija y le dice: “grande es tu fe, que te suceda como quieres”. Es muy significativo que Jesús no atribuye la curación a si mismo, sino a la fe del que es curado. Así valora Jesús a las demás personas. Así valora Jesús a estas dos mujeres.

7.- ¿Por qué aparecen con frecuencia las mujeres viudas en torno a Jesús? La respuesta es evidente: porque además de ser mujeres, eran las personas más solas, más indefensas, más marginadas, más despreciadas. Eran las personas más pobres entre los pobres. Así pasa hoy, por ejemplo, en Ruanda, Colombia, Ecuador, Guatemala, Honduras, etc., como en tantos países pobres de Africa, y en otros de América del Sur o la India: en estos lugares las mujeres son las personas más desgraciadas de todas, son los más pobres entre los pobres de nuestros días, son las que cargan con el peso de los hijos, con el peso del trabajo, con la marginación más absoluta, con la falta de escuela, con la incapacidad de decidir, con la esclavitud física y sexual. La pobreza (en todas sus manifestaciones) tiene nombre de mujer. El 75 % de los empobrecidos del mundo son mujeres y niñas. En muchos de esos países, primero comen los hombres, después los niños, luego las mujeres y al final las niñas, y en los cuales el analfabetismo es mucho más alto en mujeres que en hombres, alcanzando hasta el 99% de las mismas…

(Continuará con la parte III y última).

P. Faustino Vilabrille Linares

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