|Jueves, Octubre 17, 2019
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“Nos interpelan las urgencias sociales y la pobreza” 

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El Papa Francisco visitó la universidad Roma Tre,   un instituto público en el que cursan  unos 40 mil estudiantes.   

A continuación el texto integro con las palabras del Papa:

“Señor Rector.   Ilustres profesores,  queridos estudiantes  y  miembros del personal:

Les doy las gracias por haberme invitado a visitar esta Universidad,  la más joven de Roma,  y les dirijo a todos mi cordial saludo.

Nuestra sociedad está llena de buenas acciones,  de solidaridad  y   amor hacia los demás:   muchas personas  y  muchos jóvenes,  seguramente también entre ustedes,  participan en el voluntariado  y  en actividades al servicio  de  los  necesitados.   Y  este es uno  de  los  valores  más  grandes de  hay que estar agradecidos  y  orgullosos.   Sin embargo,  si miramos a nuestro alrededor, vemos que  en el mundo hay tantos, demasiados signos de hostilidad  y  violencia.   Como bien  ha  observado  Giulia  hay  muchas señales  de  un   “actuar  violento”.

Agradezco  tu  pregunta,  Giulia,  porque  precisamente en este año el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz propone la no violencia como forma de vida y de acción política.   De hecho,  estamos viviendo en una guerra  mundial  en  pedazos:   Hay  conflictos  en  muchas  regiones  del planeta, que ponen en peligro el futuro de generaciones enteras.   ¿Por qué  la  comunidad  internacional  y  sus  organizaciones,  no  son  capaces de  prevenirlos  o  detenerlos?    ¿Los  intereses económicos  y  estratégicos tienen  más  peso  que  el  interés  común  en  la  paz?   Sin duda,  estas son preguntas que encuentran espacio en las aulas universitarias y resuenan, en primer lugar,  en nuestras conciencias.   La universidad es un lugar privilegiado  en  el  que  se  forman  las  conciencias,  en  una  estrecha confrontación  entre las exigencias del bien, de la verdad y la belleza, y la realidad con sus contradicciones.   ¿Un ejemplo concreto?   La industria de las armas.

Durante décadas se está hablando de desarme,  también se  han puesto en marcha procesos importantes en este sentido,  pero,  por desgracia,  en la actualidad,  a pesar de todas las conversaciones  y  compromisos,  muchos países  están  aumentando  el  gasto  en  armas.  Y esto, en un mundo que todavía lucha contra el hambre y las enfermedades,  es una contradicción escandalosa”.

Ante esta dramática realidad uno  se  pregunta  con  razón,   cuál  debería ser  nuestra  respuesta.   Desde  luego,  no  una  actitud  de  desánimo  y desconfianza.   En particular ustedes los jóvenes,  no se pueden permitir vivir sin esperanza,  la  esperanza  forma  parte  de vosotros.   Cuando  falta la  esperanza,  falta   la  vida;   y  entonces   algunos  van  en  busca  de  una existencia engañosa ofrecida por los mercaderes de la nada que venden cosas  que  dan  una  felicidad  temporal  y  aparente,  pero  en  realidad desembocan en callejones sin salida,  sin futuro,  en auténticos laberintos existenciales.

Las bombas destruyen los cuerpos,  las  adicciones  destruyen  las  mentes, las almas,  e incluso los cuerpos.   Y en esto doy otro ejemplo concreto de la contradicción actual: la industria de los juegos de azar. Las universidades pueden aportar una valiosa contribución a los estudios para prevenir  y combatir la adicción a los juegos de azar,  que causan graves daños a las personas y a las familias y altos costos sociales”.

Una respuesta que me gustaría sugerir   –y tengo presente la pregunta de  Niccoló–   es  que  se  comprometan también como universidades en  proyectos de condivisión  y  de servicio a los últimos,   para fomentar en nuestra ciudad,  Roma,  el sentido de pertenencia a una   “patria común “.

Nos interpelan tantas urgencias sociales y tantas situaciones de penuria y de pobreza:   pensemos en las personas que viven en la calle,  en los emigrantes,  en los necesitados no sólo de alimentos  y  ropa,  sino de un lugar  en  la  sociedad,  como  los  que salen de la cárcel .   Saliendo al encuentro de estas pobrezas  sociales,   nos convertimos en protagonistas de  acciones constructivas que se oponen a las destructivas de los conflictos violentos y también a la cultura del hedonismo y del descarte, basada en los ídolos del dinero,  del placer,  del aparentar…  En cambio, trabajando con proyectos,  incluso pequeños,  que favorecen el encuentro y la solidaridad,  recuperamos juntos un sentido de confianza en la vida.

En cualquier entorno, especialmente en el universitario, es importante leer y enfrentar este cambio de época con reflexión y  discernimiento, es decir sin prejuicios ideológicos, sin miedos o fugas.   Cualquier cambio, incluso el actual, es un pasaje que trae consigo dificultades, penurias y sufrimientos, pero también nuevos horizontes para el bien.   Los grandes cambios exigen un replanteamiento de nuestros modelos económicos,  culturales  y sociales,  para recuperar el valor central de la persona humana.

Riccardo en la tercera pregunta se refería a   “las informaciones que en un mundo globalizado son vinculadas sobre todo por las redes sociales”.   En este ámbito tan complejo,  creo que es necesario operar un sano discernimiento,  basado en criterios éticos  y  espirituales.    Hace falta interrogarse sobre lo que es bueno,  teniendo como punto de referencia los valores propios de una visión del hombre y del mundo,  una visión de la persona en todas sus dimensiones, sobre todo la trascendente.

Y hablando de trascendencia,  quiero hablar de persona a persona y dar testimonio de quien soy.  Me profeso cristiano y la trascendencia a la que me abro y a la que miro tiene un nombre: Jesús.    Estoy convencido de que su Evangelio es una fuerza de  verdadera renovación personal  y  social.

Hablando así,  no les propongo  ilusiones o teorías filosóficas o ideológicas, ni tampoco quiero hacer proselitismo.    Les hablo de una Persona que me salió al encuentro,  cuando tenía más o menos vuestra edad,  abrió mis horizontes y cambió mi vida.   Esta Persona puede llenar nuestro corazón de alegría y nuestra vida de significado.   Es mi compañero de viaje;  Él no defrauda y no traiciona.   Está siempre con nosotros.   Se coloca,  con respeto y discreción  a lo largo del camino de nuestra vida,  nos sostiene especialmente en la hora de la pérdida y la derrota, en el momento de la debilidad y del pecado,  para volvernos a situar siempre en el camino.  Este es el testimonio personal de mi vida.

No tengan miedo de abrirse a los horizontes del espíritu, y si reciben el don de la fe  –porque la fe es un don–  no tengan miedo de abrirse al encuentro con Cristo y de profundizar la relación con él.   La  fe nunca limita el ámbito de la razón,  sino que lo abre a una visión integral del hombre  y  de la realidad,  defendiendo del peligro de reducir la persona a   “material humano”.

Con  Jesús no desaparecen las dificultades,  pero se enfrentan  de una manera diferente,  sin miedo,  sin mentirse a sí mismos y a los demás;  se enfrentan con la luz  y  la fuerza que viene de Él.  Y podemos llegar a ser, como decía  Riccardo,   “operadores de la caridad intelectual”,   a partir de la misma Universidad,  para que sea  un lugar de formación a la “sabiduría” en el sentido más amplio del término,  de educación integral de la persona. En esta perspectiva,  la  Universidad  ofrece  su  contribución  peculiar  y esencial  para  la  renovación  de  la  sociedad.

Y la Universidad también puede ser el lugar donde se elabora la cultura del encuentro  y  de la acogida  de las personas de diferentes tradiciones culturales y religiosas.   Nour,  que viene de Siria,  ha hecho referencia  al “miedo”  del  occidental  ante  el  extranjero,  ya  que  podría  “poner  en peligro la cultura cristiana de Europa”.

Aparte del hecho de que la primera amenaza a la cultura cristiana de Europa está precisamente dentro de Europa,  el encerrarse en uno mismo o en su propia cultura nunca es el camino  para devolver la esperanza  y operar una renovación social y cultural.

Una cultura se consolida en la apertura y en la confrontación con otras culturas,  siempre que tenga una conciencia clara y madura de sus principios y valores.   Por tanto,  animo a los profesores y a los estudiantes a que vivan la Universidad como un ambiente de diálogo auténtico,  que no homologa la diversidad ni tampoco la exaspera,  sino que abre a una confrontación constructiva.   Estamos llamados a comprender y apreciar los  valores  del  otro,  superando  las  tentaciones  de  la  indiferencia  y  del  temor.   Nunca  tengan  miedo  del  encuentro,  del  diálogo,  de  la confrontación.

Mientras  prosigue  vuestra  trayectoria   de  enseñanza  y  de  estudios universitarios, prueben a preguntarse:   ¿Mi forma mentis se está haciendo más individualista o más solidaria?   Si es más solidaria es una buena señal porque van contra corriente, pero en la única dirección que tiene un futuro y que da futuro.   La solidaridad,  no proclamada con palabras,  sino vivida concretamente,  crea paz  y  esperanza para cada país  y  para el mundo entero.   Y ustedes,  por el hecho de trabajar y estudiar en  la universidad, tiene la responsabilidad de dejar una huella buena en la historia.

Les agradezco de todo corazón por este encuentro y por vuestra atención. Que la esperanza sea la luz que ilumine siempre vuestro estudio y vuestro compromiso.   Sobre cada uno de vosotros y sobre vuestras familias invoco la bendición del Señor”.

Agencias en Roma  –  Radio Vaticana  –  Reflexión y Liberación

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