|Domingo, Noviembre 19, 2017
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Carta al Obispo, don Fernando Ramos 

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Estimado  Monseñor Fernando Ramos, Obispo Auxiliar de Santiago:

Quienes me conocen Monseñor, como quienes han oído de mí, saben que puedo hablar con fluidez y sin pelos en la lengua, y como hablo en verso, puedo escribir en prosa. En esta última etapa de mi camino a la Confirmación debo escribir a usted, para contarle el porqué de mi fe y decisión de ser apóstol de Cristo en la misión, parece sencillo a primera vista, pero ni en Macondo sería tan fácil dar testimonio de la fe, pero aquí intentare contarle mis argumentos, testigos de un proceso lento y profundo, poco común en gran parte de sus feligreses, si me permite tal osadía, pero que a pesar de lo epopeyico de mi camino a la confirmación, lo que me llama esta, es a hacer aún más difíciles trabajos por el ardor del espíritu Santo y la Compasión de Cristo.

Yo nunca fui criado como un cristiano, más que rezar ave maría, yo predicaba hoces y martillos y un advenir ateo, pero fue mi experiencia en mi colegio y mi vida personal los que me regalaron la fe, de las cuales no encuentro mejor exposición de ese cambio que las palabras de León Tolstoi:

“Durante 35 años de mi vida he sido nihilista en la exacta acepción de la palabra, (…) un hombre que no cree en nada. Hace cinco años obtuve la fe; creí en la doctrina de Jesús, y toda mi vida cambió de repente”.

Pero ese encuentro no fue un encuentro casual que me reformateo como a un programa de computadora, sino, vino a enriquecer y abrirme paso a una riqueza espiritual que me reforzó mis convicciones. Yo no soy más un joven radical ni extremista, sino más bien, un revolucionario en la teoría y objetivos, mas, un republicano en la práctica. Y Jesucristo vino a explicarme porque siempre  he sentido una llama en mi interior, una fuerza incalculable que mueve montañas hasta las estrellas, un fuego que me hace hablar mil leguas y recorrer todo el mediterráneo –parafraseando la hazaña del Espíritu Santo sobre los Apóstoles de Jesús de Nazaret-, predicando la misión, la misión preferencial por los pobres, los oprimidos y explotados, los hijos de Dios, para construir el Reino de los Cielos en la Tierra. A diferencia de muchos creyentes, a quienes respeto, pero por el contrario, aborrezco sus creencias, han convertido la fe en un arma para proteger sus privilegios. Mucha palabrería sobre ir a misa, sobre castidad y rezar, poca acción para el prójimo, poca compasión, poca rectitud y virtud en las acciones. Se ha desfigurado a Cristo ante las masas hasta el extremo de hacerlo odioso. Silencio alrededor del obrero que es Cristo: demasiados adornos alrededor del Dios que es rey. Se ha desfigurado a Jesús, mirándole sólo como Dios, y no como hombre y obrero, verdadero hermano nuestro según la carne, donde Él quiere y desea y pide ser imitado y amado.

Mientras los Reyes Católicos se dedicaban a perseguir a los judíos y al Vaticano le preocupaba quemar libros, en el Evangelio, Jesús decía: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos” (Marcos 12, 31). El Jesucristo rubio con ojos azules, con vestimentas lujosas es el señor de los Papas en silla de oro y anillos de lujo, es el señor de las mentiras y falsedades, más no el señor de los cristianos. La larga historia de la fe y Europa –entrelazada para mal- es una historia de vejaciones e injusticias; la inquisición, las guerras religiosas (1524 hasta 1697), las cruzadas, una historia que hace llorar sangre al Carpintero, es una historia producto de la manipulación de los hombres sobre la fe, no de la fe sobre los hombres. El verdadero y más sincero Jesucristo es precisamente aquel pecador, ese obrero y campesino hijo de Dios, y es justamente ese mesías al que yo sigo, al que adscribo, al que deseo que todos los creyentes, y no creyentes, contemplando la universalidad de nuestra Iglesia, se afilien. El deber que queda a los creyentes es justamente el devenir de una Sociedad Distinta, pues el deber de los cristianos no es ser; monógamos, vírgenes hasta el matrimonio ni heterosexuales, no es seguir las ridiculeces de personajes como Henry Boys, sino más bien, el deber de los creyentes es revolucionarse a sí mismos –abandonando todos los prejuicios que les impuso- como Jesús camino por cuarenta días y cuarenta noches por el desierto, y buscar la revolución social, crear un mundo distinto, construir el Reino de Dios en la tierra.

Hay una cosa mucho más importante que; rezar, mucho más importante que confesarse y más importante que ir a misa, yo no creo en las falacias de bufones como el Pastor Soto o las amenazas de diputados conservadores como Urrutia, pues yo sé que el infierno solo existe aquí en la tierra, es un estado individual y colectivo, del cual la humanidad es esclava, y siempre será así mientras haya Patrón, siempre será así mientras la Sociedad Civil no controle el poder político y económico. Aquí el desafío de los cristianos militante y los que aún no lo son, las contradicciones de clase y la explotación del hombre por el hombre son antagónicas con el evangelio, los creyentes deben entender que Jesucristo es Revolución. Como usted sabe, pero muchos olvidan, Jesús nace en un establo en Belén, come con pecadores y sana a los enfermos y marginados, muere en la cruz. Jesús eligió hacerse pobre y despojarse de algo que tenía, su forma de Dios. Existió en él una opción libre por la pobreza.

Hoy en día el ateísmo se vuelve cada vez más atractivo para miles y miles de personas, muchos lo explican con la idea expuesta por Nietzsche en “Gaia Ciencia”, donde cuenta como el mundo occidental empieza a reemplazar a Dios con la Ciencia, mientras que, otros afirman que es culpa del vergonzoso encubrimiento de la pedofilia por parte de la Santa Sede. Pero estas son consecuencias de otra razón más grande, que es el proceso de familiaridad entre Iglesia y la opulencia. Es el abandono del significado de Iglesia, que como muy bien debe saber usted, proviene de la voz griega ἐκκλησία (transliterado como ekklēsía) vía el latín ecclesia, que se refiere a la reunión de la comunidad (en su origen heleno) y Kahal (Pueblo de Dios) en la traducción del griego al Tanaj. Para dar a conocer lo que entendemos como sociedad ante el término Iglesia: El Vaticano, jerarquía, machismo, secretos, corrupción, etc. La fe cristiana perdió su origen comunitario y su orden preferencial por los pobres, para tener una estructura jerarquizada (como cualquier Monarquía electiva) y un orden preferencial por las elites. Cuando la Iglesia habla más de sexo que de Derechos Sociales, cuando la Iglesia defiende más la Propiedad Privada (que ya está abolida para nueve decimos del mundo) antes de la solidaridad, cuando la Iglesia prefiere estar contra el aborto que contra la explotación del hombre sobre el hombre, es cuando se pierde el significado mismo de que es la Iglesia. Y yo quiero cambiar eso, yo quiero hablar de una Iglesia que lucha junto al pueblo por el pueblo, porque el Evangelio no puede ser más instrumento para callar a los más humildes, debe armarlos con valor e impulsar su liberación.

Cuando la iglesia esta con pocos realmente, cuando la iglesia excluye a los hijos de Dios; gays, lesbianas, bisexuales, etc. Cuando la Iglesia da el cuerpo y sangre de Cristo a los obreros pero no los llama a organizarse y cambiar la sociedad (la única forma de edificar el Reino de Dios) ¿Qué catolicidad puede haber? Así es como nos damos cuenta que la Iglesia se casó con los; Patricios romanos, los señores feudales, los burgueses, los vicios individualistas del capitalismo y el conservadurismo feudal. ¿Qué misión puede cumplir la Iglesia ante los ojos de Dios? No basta con dar sobras a los pobres, no basta con hacer voluntariados a la India o a construir medias aguas, no basta con rezar por el desamparo de millones sin esperanza, hay que construir acciones. Los pobres no pueden ser objeto de lastima, deben ser sujetos revolucionarios, pues los cambios sociales deben ocurrir y son los mismos explotados quienes romperán sus cadenas, y la Iglesia tiene una deuda, que estoy convencido, que juntos, podemos cambiar para el bien de toda la humanidad.

Mientras nacía el Movimiento Obrero y la Socialdemocracia con Marx, Lasalle y Bebel, la Iglesia se asustó a los cambios y al ateísmo, llamo a hacer política, lamentablemente no motivados a colaborar con las trasformaciones sino a disputarle el pueblo a la ideología socialista. La labor de los representantes políticos de la Iglesia; partidos conservadores, socialcristianos y democratacristianos, ha sido la consolidación y edificación del; conservadurismo negando la igualdad moral de la mujer ante el hombre, asistencialismo sin romper la Dialéctica Amo y Esclavo, moderación cuando se requería radicalidad y reacción cuando se necesitaba moderación respectivamente. El miedo y el privilegio cegaron tanto a la Iglesia como a sus seguidores. Y es que cuando los cristianos estamos llamados a hacer política debe ser como nuestra fe, abocada al pueblo, al sentir popular, abocada a la opción preferencial por los pobres. Pues Jesús no es Rey, sino, Obrero y Campesino hermano por el don de la carne que desea ser seguido y amado.

No quiero más Rerum Novarum, deseo más Teología de la Liberación.

No quiero volver a ver enemistades con el feminismo, sino, una Iglesia que luche por todas las mujeres y todos sus derechos, pues los derechos de la mujer son derechos humanos.

Luchare por una Iglesia que no se vea envuelta por el miedo a los cambios, sino, por una Iglesia que vuelva a ser Comunidad, que vuelva a ser Católica y Apostólica. Si a una Iglesia que sea Revolución y Democracia.

Como cristiano siento como deber alcanzar la pobreza de espíritu: librarme de todo el peso de los prejuicios y la discriminación. Colaborar a la organización de; comunidades, trabajos y mi vida personal en pos de la construcción del Reino de Dios en la Tierra. Le pido a usted y a todos los creyentes a comprender que la fe es política y luchar por la revolución, por los cambios sociales. El llamado que siento de Jesucristo, es a colaborar a construir una Iglesia Católica -ósea Universal- e incluir como iguales a todos los que persiguió, condenó y quemó en nombre de Dios. Comprendiendo que el amor es algo tan divino como la resurrección de Cristo, y este amor no posee reglas o normas, la iglesia debe dejar de ser machista y homofóbica. La Iglesia debe ser Apostólica y esparcir la buena nueva, que no es ir puerta a puerta hablando de la Biblia, sino buscar a Cristo en la Tierra: a las y los trabajadores de la humanidad, y como Clotario Blest ayudar a su organización y con esta la edificación del Reino de Dios en la Tierra.

Yo me confirmo para ser un soldado como San Ignacio, no del Papa de turno, sino de la doctrina del Amor al Prójimo, guiándome fervientemente por el orden preferencial por los pobres y explotados, me confirmo para ser apóstol y construir otra sociedad, me confirmo para dar cara por el Jesús Obrero y Campesino que ha sido negado, no tres veces, sino, miles, me confirmo para cambiar la historia, porque es lo correcto, porque es lo que me llama el Evangelio, porque es lo que siento arder en mi alma.

Me despido cordialmente. Un creyente más;

Alonso Ignacio Salinas García,

Alumno Colegio San Ignacio del Bosque – Santiago.

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