|Domingo, Noviembre 19, 2017
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Porque un cristiano nunca votaría por Kast 

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Porque un cristiano nunca votaría por José Antonio Kast.

El conservadurismo no es una expresión viable para el cristianismo.

Aquellos que representan esa derecha de JAK, de Solidaridad en la PUC, de los Gremialistas, representan el profundo miedo a la libertad, a la libertad que representa el amor y la fe cristiana. Se encierran en una lógica farisaica de ser leales a una visión tan antigua como las raíces brahmánicas para obtener su pedazo de cielo, se vuelven fanáticos en conservar un orden moral que les está establecido.

Ellos suponen que el “pueblo” es pre Estado, creen que se armó un Contrato Social anterior con las normas a las que todos deben supeditarse, por ello son conservadores. Pero el Cristianismo no es el pilar del orden, es el corazón de la rebeldía.  El pueblo para estos supuestos “liberales” y/o “patriotas” es reducido a una línea sanguínea o a una nacionalidad, pero estos son atribuciones que no son naturales, son impuestas, como los Estados; todos los Estados en su inmensa mayoría son producto de las fronteras de los intereses de los más ricos, de los poderosos, más no un Contrato Social. Toda moral o ley es cuestionable para el verdadero espíritu del pueblo; el absoluto del espíritu, pues como Zizek aseguró lo incompleto del universo y su caos, el orden es para cambiarse no para preservarse.

Jesucristo cuestionó la opresión de la mujer, la Biopolitica de suplicio y castigo, el dinero mismo, la sociedad de clases. En cambio hablo de la dignidad de la mujer y la considero su igual al romper con esquemas tradicionales de su Sociedad judaica, en cambio predico el perdón y la redención, en cambio compartió el pan y el pescado, en cambio llamo a alimentar a los hambrientos y dejar con las manos vacías a los que siempre han sido ricos.

El pueblo tiene el derecho a rebelarse, y el cristiano al entregar el Evangelio entrega su misión apostólica a esa rebeldía, no a su represión. A la construcción del Reino de Dios en la tierra, la gran mesa donde todos tienen cabida, por ello se es Católico, por ello todos los pueblos son hijos de Dios, sin importar sus creencias.

Aquellos que condenan la homosexualidad toman el relato de Sodoma y Gomorra, pero se olvidan que la condena es a la “sodomía”, vale decir, a la violación anal. Si comprenden eso y saben que están derrotados, osan tomar la carta de Pablo a los romanos que condena lo “indeseable” y “pecaminoso”. Pero ellos mismos que defienden al “Magisterio” y al orden, traicionan contradictoriamente al mismo Magisterio; la fe cristiana, en especial el mensaje, no es atemporal y anacrónico, posee un contexto histórico y una interpretación. Para ellos el Concilio Vaticano II no existió, aún siguen viviendo en las Cruzadas y la Inquisición.

Aquellos que hablan contra los anticonceptivos y solo viven su sexualidad para procrear, no se dan cuenta que Dios creó al hombre en su genérico, vale decir a toda la humanidad (mujeres y hombres), e incluso si se desea la misma naturaleza, a su imagen y semejanza. ¿Acaso no entienden que las mujeres tienen clítoris para sentir placer? Un órgano que es solo para el placer tiene un uso natural que no tiene nada de pecaminoso. Estos hipócritas que tanto hablan del “Derecho Natural” y de la “independencia de los grupos medios”, se les acaba el discurso cuando toca su privilegio, pues cuando sus mismos ideales arman a las mujeres, a los campesinos y obreros, ellos se retraen en sí mismos y olvidan la misión de dar esperanza y la buena noticia, que al final y al cabo se puede entender como el Buen Vivir, de todos no solo de los privilegiados.

Jesús predice que el Hijo del hombre apostrofará a los egoístas y avaros así: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, preparado para el diablo y para sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber; fui peregrino y no me alojasteis; estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis (…). E irán al suplicio eterno, y los justos, a la vida eterna” (Mateo 25, 31-46).

Un cristiano militante, comprometido de verdad con la fe, comprende que sus acciones son la expresión de su fe. “En verdad, en verdad os digo que el que cree en mí, ése hará también las obras que yo hago, y las hará mayores que éstas, porque yo voy al Padre” (Juan 14,13). ¿Qué hizo Jesús? Sin duda no puede imitarse completamente, sería anacrónico pues no vivimos en su tiempo, pero si se puede comprender en el porvenir de los hechos, en la realidad material que se vive.

Entre los actos que los cristianos hemos de realizar es impedir que gente como José Antonio Kast sea presidente, e incluso evitar que siga subiendo en las encuestas, es evitar que siga existiendo la opresión de cualquier mujer u hombre, niño o niña. 

Alonso Ignacio Salinas Garcia

Presidente Juventud Izquierda Cristiana.

Columnista de “Reflexión y Liberación” y “Redes Cristianas”.

Alumno 4to medio San Ignacio del Bosque.

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