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Voy y vuelvo 

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Después de su insólito velatorio en la Catedral de Santiago cuyo féretro no estaba cubierto por alguna bandera sino por una colcha hecha de pedazos de tela, no había  crucifijo ni flores  encima sino  un letrero irónico que decía “Voy y vuelvo” y la ambientación no fue de música clásica o gregoriana sino   la canción folclórica el himno a la vida de una suicidada, el antipoeta Nicanor Parra, en su despedida, nos provocó para pensar.

                La manta de su madre le devuelve sus raíces del hijo de esta tierra, lo envuelve en la ternura y la rusticidad de la vida que mantuvo durante más de un siglo.

El cartón del letrero que pidió dejar a la vista  es parecido a cualquier de esos cortos mensajes que los jóvenes  se escriben por los wathsapps.  Es un aviso similar al que deja  el tendero que se ausentó para ir al baño,  es llamativo como la portada de una  agencia de viajes, como la muestra de algún restorán de barrio o también el título de una canción.  Sin embargo los que fueron a la biblioteca de la universidad Diego Portales en el 2009 o recientemente en el centro cultural del palacio de la Moneda pudieron ver que esas tres palabritas  no son nuevas para él. Fueron repetidamente dibujadas por el poeta  en una cruz pintada de blanco y con los clavos de la crucifixión. Estas palabras ahora sobre su ataúd tienen evidentes connotaciones religiosas.

El poeta fue revolucionario en las palabras, irreverente, irónico, llegando al límite de lo decible.  No fue reservado con la religión. Dijo: “En las iglesias ya no pasa nada, Dios se mudó a los supermercados”. Fue un fino crítico social y también religioso, sin pelo en la lengua.

Prefería escribir unos “artefactos visuales” (cartones y papelografos…) más que libros.Su rebeldía, sus temas y sus ocurrencias anticiparon  esta sensibilidad surrealista  y algo anarquista de las nuevas generaciones que se sienten interpretados por sus angustias existenciales. Su estilo popular encontró poca apreciación en la clase alta chilena y fue tardíamente que recibió algunos reconocimientos  merecidos.

Él se definía como  “un embutido de ángel y de bestia”.  Si no era “creyente”, tampoco era un ignorante religioso. Conocía “las escrituras” ni por ideas  ni por doctrinas sino por sensibilidad. Cuentan que tenía siempre una biblia abierta en su casa y que, entre las cosas con las que querría ser sepultado  estaba la biblia. Tenía la Biblia como todas las cosas para reír como para llorar”. En su cumpleaños centenario, con picardía,  citó el profeta  Isaías que decía que en el futuro prometido por Dios “morir joven será morir a los cien años y el que no alcance los cien años será porque está maldito”(65, 20).   El poeta Raúl Zurita en un homenaje decía: “Disimulada bajo el rictus de la carcajada o del llanto, la obra de Parra es la más profundamente religiosa de la poesía chilena”.

En la Catedral donde llegaron miles de personas,  más gente que “en la tarde de un viernes en un  supermercado”, como lo relató un periodista, los familiares quisieron  hacer presente su hermana Violeta con su canción “Gracias a la vida.”  Esta canción a pesar de su renombrada, está vetada por muchos ambientes integristas y conservadores por el suicidio de su autora. Por este motivo, quisieron prohibir su reproducción en la catedral, felizmente con un poco de presión y de buen sentido, la razón prevalió.

Cualquier cristiano que lo sea un poco o mucho puede percibir en el velorio de este poeta, en su cartelito “Voy y vuelvo” o en la misma contradicción de la canción “Gracias a la vida” de su hermana suicidada, esta presente el angustioso dilema de la vida y de la muerte humana. Queremos vivir pero no morir. Y a pesar de todo somos mortales.

Este dilema lo vivieron los mismos apóstoles en la última cena, en la despedida de Jesús. Jesús les anunció que “poco tiempo iba a estar con ellos” (Juan 13,33ss) pero “volveré y los tomaré conmigo”. Cristo murió crucificado y a los tres días “resucitó”.  Fue y volvió a mostrarse a los apóstoles. Nicanor Parra conocía el texto y sabía todo lo que decía cuando pintaba sus cruces blancas y escribía esas tres palabras enigmáticas  “voy y vuelvo”.

La experiencia inaugural y privilegiada de los apóstoles  fue de “haber estado con Jesús después de su resurrección”. Volvió a darle la seguridad de volver prometiéndoles estar con ellos hasta el fin del mundo.  Creer en Cristo es vivir un  entretanto entre su venida entre nosotros y su regreso que tenemos que esperar.  El Nuevo testamento  empieza con que “nació de la virgen María “y termina con un llamado: “Maran atha, Ven pronto Señor Jesús”.

Volviendo al grafiti del poeta, debemos creer que no insinúa  ideas preconcebidas de una creencia de sobrevivencia o de un posible más allá. Pero diciendo: “voy”, él, se implica personalmente y  asume y su vida y su muerte. Su “artefacto visual “no es una profesión de fe, no exageramos, pero sí, es su última provocación de muerto. Al morir, no se da por vencido. Asume las contradicciones de la vida porque reclamó la solidaridad humana junto con la vergüenza que tenía de pertenecer al género humano. Subrayó lo sagrado que distinguía a través del vacío de las cosas. Decía: “el cielo está cayendo en pedazos… y… el error consistió en creer que la tierra era nuestra cuando la verdad de las cosas es que nosotros somos de la tierra…”

El teólogo jesuita Máximo Arias dijo que era un ateo “timorato”, un incrédulo que duda continuamente de su incredulidad (por arrastrar problema de su infancia) Otro  clérigo del Opus, Ignacio Valente dice que el poeta no carece de esperanza religiosa  y reconoce pero que sus críticas religiosas  le dejan a uno en silencio.

En realidad, Nicanor Parra desafía a los cristianos. Su provocación es de exigir de ellos un testimonio nítido de fe en Jesús de Nazaret que llevó las miserias de todos los hombres a cuesta y las llevó hasta su muerte de cruz  y  que de ellas  salió vencedor: resucitó.  Ver a los cristianos asumir sus vidas unidos a Él, confiados de vivir y morir ganándole a la muerte. Ojalá podamos todos los cristianos escribir en nuestras tumbas. “voy y vuelvo”

Esto, para nuestra vida personal pero a Nicanor Parra le faltó unos años más de vida para entender algo que fortalece profundamente nuestra esperanza: la posibilidad ‘increíble’ de una redención, de una salvación  de todas las víctimas de las contradicciones que atormentaban el poeta y con él a nosotros todos. Los cristianos al  ver que el Señor se demoraba para volver entendieron que el Reino de Dios para todos los hombres y especialmente para las victimas podía llegar de otra manera. Por cierto San Juan describió en el apocalipsis una derrota sorpresiva y  aplastante  de las fuerzas del mal y un juicio condenatorio de todos los malos  antes de describir su impresionante asamblea celestial celebrando el triunfo del cordero degollado. Esta visión fantástica podía dar a los cristianos perseguidos fortaleza y confianza en sus pruebas.

Por esto seguimos y cantamos.  “Ten paciencia si demora, si no viene por la noche, tal vez venga con la aurora.” Sin embargo, pasando los siglos, los cristianos tuvieron una idea mejor y más precisa todavía del regreso del Señor. A  todos los hombres de buena voluntad pero particularmente a los creyentes, les corresponde adelantar el Reino de Dios en la tierra. El reino de Dios empieza a veces imperceptiblemente, a veces pensamos que es una obra de largo alcance.  Preferimos pensar en un  “final” de los tiempos bien logrado por la revelación de los hijos de Dios.  Es espantoso pensar que los hombres (cristianos y moros) podrían desastrosamente echarlo todo  irremediablemente a perder desatando un cataclismo global que no le daría alternativa a Dios que de hacer una tierra y un cielo todo nuevo rescatando algunas excepciones. Mejor pensar como San Pablo en el Reino de Dios parecido en un doloroso parto, la revelación de los hijos de Dios.

Cantamos “ ¿Cuándo vendrá Señor, cuando vendrás?. .. No es tu Reino, Señor, la tierra no es tu Reino……. Si nosotros salimos a la vida partiendo nuestro pan con el hambriento…, la tierra empezará Señor a ser tu reino (bis) “.

Gracias Nicanor por tu letrerito “Voy y vuelvo” Que Dios te saque de todas las contradicciones de la vida. Que nos las deje a meditar a nosotros porque nos corresponde poner de lo  nuestro para enfrentarlas.

Paul Buchet  –  Temuco

 

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