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No tienen nada de cristiano los mafiosos “cristianos” 

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Durante la Audiencia general en la Plaza San Pedro, el Papa Francisco reflexionó sobre la Pascua, «la fiesta más importante, más que la Navidad». Y recordó: la justificación de Jesús nos salva de la corrupción; los falsos cristianos acabarán mal.

La justificación de Jesús «nos salva de la corrupción». Lo dijo el Papa Francisco durante la Audiencia general de hoy, miércoles 28 de marzo, la última antes de la Pascua («la fiesta más importante, más que la Navidad»), dedicada al significado de la muerte y resurrección de Cristo. Francisco subrayó que existen «cristianos falsos» que dicen creer en Jesús pero son corruptos, y, en particular, se refirió a los «llamados cristianos mafiosos», que de cristiano «no tienen nada: se dicen cristianos, pero llevan la muerte en el alma y a los demás».

«Un cristiano, si verdaderamente se deja lavar por Cristo, si verdaderamente se deja despojar por Él del hombre viejo para caminar en una vida nueva, incluso siguiendo siendo pecador (porque todos lo somos) no puede ser corrupto: la justificación de Jesús nos salva de la corrupción», afirmó el Papa. «Somos pecadores, pero no corruptos, el cristiano no puede vivir con la muerte en el alma, y tampoco ser causa de muerte. Ahora quiero decir una cosa triste y dolorosa: hay falsos cristianos, esos que dicen “Jesús ha resucitado, yo he sido justificado por Jesús, estoy en la vida nueva”, pero… vivo una vida corrupta. Y estos falsos cristianos acabarán mal. El cristiano, repito, es pecador, todos lo somos, yo lo soy, pero tenemos la seguridad de que, cuando pedimos perdón, el Señor nos perdona. El corrupto hace finta de ser una persona honorable, pero al final en su corazón hay putrefacción. Jesús nos da una nueva vida. El cristiano no puede vivir con la muerte en el corazón, ni dar la muerte. Pensemos en casa, pensemos en los llamados cristianos mafiosos: pero estos, de cristiano, no tienen nada; se dicen cristianos pero llevan la muerte en el alma y a los demás. Recemos por ellos, para que el Señor tique sus almas».

Jorge Mario Bergoglio reflexionó en su catequesis principalmente sobre el Triduo Pascual, que comienza mañana, «para profundizar un poco –explicó– aquellos que son los días más importantes del año litúrgico para nosotros los creyentes. Yo quisiera hacerles una pregunta: ¿cuál es la fiesta más importante de nuestra fe? ¿La Navidad o la Pascua? ¡La Pascua! Pero, imagínense ustedes –dijo Francisco a los fieles– que yo creía, hasta los 15 años, que era la Navidad. Todos nos equivocamos. La Pascua, la fiesta de nuestra salvación, del amor de Dios por nosotros, de la celebración de su muerte y resurrección».

El día de la Pascua, por la mañana, recordó el Pontífice argentino, «el canto de la Secuencia, es decir un himno, una especie de salmo, hará que se escuche solemnemente el anuncio de la resurrección, y dice así: “Cristo, nuestra esperanza, ha resucitado y nos precede en Galilea”. En muchos pueblos del mundo, sobre todo en el este de Europa, la gente se saluda en estos días pascuales no con “buenos días”, “buenas tardes”, sino con “Cristo ha resucitado”, para afirmar el gran saludo pascual. En estas palabras de conmovido entusiasmo culmina el Triduo. Contienen no solo un anuncio de alegría y de esperanza, sino también un llamado a la responsabilidad y a la misión. No acaba con la paloma, los huevos… esto es bello, porque es una fiesta de familia. Pero no acaba así. Comienza allí, con el anuncio. “Cristo ha resucitado”. Este anuncio, al que el Triduo conduce preprándonos para recibirlo, es el centro de nuestra fe y de nuestra esperanza, es el núcleo, es, una palabra difícil que lo dice todo: el “kerygma”, que constantemente evangeliza a la Iglesia, quien, a su vez, es enviada a evangelizar».

«El único que nos justifica, el único que nos hace renacer nuevamente es Jesucristo; nadie más», insistió el Papa. «Es por ello que no hay que pagar nada, porque la justificación, volverse justos, es gratuita, y esta es la grandeza de la vida de Jesús: da la vida gratuitamente para que nos hagamos santos, para renovarnos, para perdonarnos, y este es el núcleo del Triduo pascual». Por ello, «en el día de la Pascua, al principio se bautizaba a la gente, y también este sábado en la noche yo bautizaré aquí en San Pedro a ocho personas adultas que comienzan la vida cristiana, y comienza todo». 

Iacopo Scaramuzzi  –  Ciudad del Vaticano

Vatican Insider   –   Reflexión y Liberación

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