|Martes, Octubre 16, 2018
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La Caridad, un deber Cristiano 

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Con la mirada puesta en los acontecimientos que nuestra Iglesia Chilena protagonizará en las próximas horas, con vergüenza por aquellos que no estuvieron a la altura de los graves hechos ocurridos a hermanos nuestros y que,  pudiendo hacer algo por ellos, optaron por el silencio. Por un erróneo sentido de solidaridad, que ha dividido, creado barreras, y que nos ha hecho perder el norte, por ver a pastores nuestros,  apartarse de su profundo compromiso con este Cristo que se manifiesta a través de los hermanos, y encuentra sentido por y para ellos, no a través de lo intangible, sino a través de ese hermano nuestro que sufre.

Por esto es que experimento horror al escuchar al Obispo de San Bernardo, contestar, al ser preguntado respecto del porque defendió, con incluso violencia al Obispo Juan Barros, en la visita que el Papa Francisco hizo a Chile: “… fue realizar una obra de caridad, sentí un deber cristiano apoyar al desamparado”.

Estas palabras son las que me hacen reflexionar respecto de cómo hacer para tener una Iglesia viva que toda entera, se estremezca con nuestros hermanos más sufrientes, no solo algunos sectores  de los que es esperable una respuesta, por el caminar que han mantenido a través de su historia. No con aquellos que sustentan cargos de poder dentro de la misma Iglesia, pues es claramente incomparable, realizar un paralelo entre el Obispo Barros y nuestros hermanos que a la luz de un selecto grupo de religiosos, fueron abusados, abandonados a su suerte, haciéndoles perder la valía de cuanto Dios pudo haberlos dotado, siendo  ellos tres sin duda los  hijos más queridos del Padre.

Sentir vergüenza en estos momentos creo que es poco valioso, ya que en el fondo debemos comprender que como comunidad  hemos fallado cada vez que actuamos como un encubridor, de hechos tan dramáticos como estos.

Debemos comprender que nuestra jerarquía eclesiástica Chilena, no ha sido llamada a Roma por un proceder intachable, sino por lo contrario, porque los canales de información no se abrieron dando paso a la liberadora verdad a la que los más desamparados y todos tenemos el derecho.

Hoy yo rezo, porque esta Iglesia en la que muchos pusieron en juego hasta su vida, en otros momentos dolorosos para la patria, pueda renovarse y a la luz de esta visita, retomar el rumbo y que muchos podamos nuevamente encontrarnos y participar en ella, que tanto puede interpelarnos, porque ella existe para los enfermos, los desamparados, los pobres y  los olvidados.

Rezo por mis obras de caridad, para que ellas vayan dirigidas a los verdaderos sacrificados, los que han estado lejanos de cualquier atisbo de justicia, hasta ahora.

 

                                                    Raquel Sepúlveda Silva

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