|Miércoles, Agosto 15, 2018
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Discurso del Cardenal Brenes: Diálogo Nacional en Managua 

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Discurso del Cardenal Leonardo Brenes en la sesión inaugural del Diálogo Nacional en el Seminario Arquidiocesano “Nuestra Señora de Fátima” de Managua.

Excelentísimo Sr. Presidente de la República Daniel Ortega Saavedra.

Excelentísima Sra. Vicepresidente Rosario Murillo.

Distinguidos miembros Señores Embajadores y Delegados del Cuerpo Diplomático acreditado en el país.

Excelentísimos Hermanos Obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua.

Distinguidos miembros de los diversos sectores y gremios de la nación presentes en esta mesa de Diálogo Nacional.

En ustedes deseamos saludar a los hijos de nuestra nación nicaragüense y a las naciones que representan y que siguen con atención especial este día y tienen puesta no solo sus planteamientos y demandas, sino las más altas expectativas y aspiraciones de desarrollo humano: pleno, integral y sostenible; aspiración que pasa por el respeto a la naturaleza y dignidad de toda persona humana, de la que devienen todos los derechos fundamentales inherentes a la misma; la aspiración a la vida, a la libertad en todas sus formas, a la verdad y la justicia.

Todas son la mayor aspiración la civilización humana y se concretizan en saber convivir y coexistir en paz. Nosotros hemos aceptado este difícil y complejo desafío y emprender en carácter de mediadores y testigos, el único camino admisible, para conciliar los más altos anhelos de cada uno y encontrar juntos las posibles salidas y soluciones a las demandas y expectativas tan complejas como diversas, pero esencialmente idénticas en su esencia y aspiración suprema.

A través del diálogo y de la escucha podemos ayudar a construir un mundo mejor, haciendo que sea lugar de acogida y respeto, contrarrestando así las divisiones y los conflictos. Les aliento – dice el Papa Francisco – a proseguir con entusiasmo renovado su valioso servicio a la sociedad, para que nadie quede aislado, para que no se quiebren los lazos del diálogo y para que nunca falte la escucha, que es la manifestación más simple de la caridad hacia los hermanos. Hoy deseo recordar una imagen con la que se recuerda al santo pontífice que visito en dos ocasiones nuestro país San Juan Pablo II: “El Artífice de la Paz”. La Paz es un arte, donde el artista concibe inspirado, imagina, sueña, plasma, corrige sus esposos y quita de los mismos sus errores, hasta ver culminada su obra. Con ánimo firme les pedimos ser artífices y constructores de La Paz.

En este sentido queremos agradecer al General Álvaro Baltodano quien ayudó en sus inicios a sentar las primeras bases de este diálogo. Esperamos continúe con esa disposición. Nuestro actual pontífice el Papa Francisco quien, desde el inicio de la crisis de nuestra nación, ha mostrado su preocupación, cercanía y oración por la misma, ha hablado de la Iglesia y su misión con tres imágenes que deseamos que quedasen grabadas con el cincel del Espíritu Santo en nuestras mentes y corazones (Cfr. Jb 19, 23-26): 1. La Iglesia es puente Los puentes conectan los puntos distanciados, distancias que parecen insuperables donde los caminos para el hombre parecían haberse agotado y uniendo regiones tanto distantes como distintas conectando lo que antes parecía insalvablemente separado. Queremos ser puentes entre hermanos de una misma nación, separados por edades, intereses, maneras de percibir la realidad y concebir las soluciones que nos han llevado a las dolorosas y múltiples realidades acaecidas y que hoy nos han traído aquí.

Les pedimos que no hagan la de los ejércitos en guerra, cuando quieren debilitar al que consideran enemigos: no atacan ni destruyan este puente, manténganlo con su buena disposición, veracidad, claridad y firmeza. Se los pedimos: este puente es necesario para todos y así mantener estables, avivadas e ininterrumpida la frágil y deteriorada armonía social hasta alcanzar el final de este camino y veamos colmadas las más altas aspiraciones de todos. 2. La Iglesia es hospital de campaña en las contiendas. La imagen habla por sí sola. En un hospital de campaña se reciben los heridos, se lucha por salvar la vida y se curan las heridas de los que llegan sin importar el bando de donde provienen. Tenemos muchas vidas que salvar y heridas que curar, no olviden jamás esto: lo que está en juego son personas, son vidas y a todas sin excepción deseamos asistir, vendarles las heridas y protegerles la vida. No ataquemos el hospital en el que todos humildemente hoy con mayor o menor responsabilidad, tiene para ser vendado, asistido o para ser salvado y que han aceptado como mediador y testigo. 3. La Iglesia es Madre En una familia cuando los hermanos se pelean y se abren heridas entre ellos se quitan la palabra y se aplican la ley de la indiferencia y el hielo, incluso cuando han llegado a herirse profundamente, la madre está en medio, a veces callando, a veces hablando por separado con los hijos, recordándole al mismísimo padre y a los hermanos que son hermanos y esa madre nunca renuncia a sus sueños: que la familia nuevamente pueda sentarse en la misma mesa para orar y pedir la bendición de los alimentos y conversar como familia.

No siempre los trapos sucios se lavan en casa, a veces solo tienen un lavandero o una única lavadora: el corazón de la madre que llora la desarmonía y discordia entre sus hijos y ora por ver consumados sus anhelos de ver cuanto antes a su familia unida y reunida. Cuando esa madre hace falta, y ya no está, todos los hijos la lloramos. Ruégole, Sr. Presidente, dar esos pasos positivos de buena voluntad para el éxito de este Diálogo Nacional, de los cuatro puntos que mis hermanos Obispos han presentado a su persona en misiva enviada en días pasados. Con estos sentimientos y deseos que albergamos en nuestros corazones les pido que no nos cerremos a la escucha y a ninguna solución posible.

El futuro de nuestra nación hoy pasa por todas y cada una de nuestras manos: Dios y la historia nos pedirán cuenta de ello el día de mañana. Que la Virgen María, Madre de Dios y de la Iglesia, presente con solicitud ante el trono de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, nuestra buena voluntad y los apremiantes ruegos de todos. Gracias.

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Sesión Inaugural – Diálogo Nacional / Seminario “Nuestra Señora de Fátima” de Managua.

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