|Sábado, Junio 23, 2018
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“La negación de escucha y de justicia” 

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“Duele constatar que, en este último periodo de la historia de la Iglesia chilena, esta inspiración profética perdió fuerza para dar lugar a lo que podríamos denominar una transformación en su centro. No sé qué fue primero, si la pérdida de fuerza profética dio lugar al cambio de centro o el cambio de centro llevó a la pérdida de la profecía que era tan característica en Ustedes. Lo que sí podemos observar es que la Iglesia que era llamada a señalar a Aquél que es el Camino, la Verdad y la Vida se volvió ella misma el centro de atención. Dejó de mirar y señalar al Señor para mirarse y ocuparse de sí misma. Concentró en sí la atención y perdió la memoria de su origen y misión. Se ensimismó de tal forma que las consecuencias de todo este proceso tuvieron un precio muy elevado: su pecado se volvió el centro de atención. La dolorosa y vergonzosa constatación de abusos sexuales a menores, de abusos de poder y de conciencia por parte de ministros de la Iglesia, así como la forma en que estas situaciones han sido abordadas, deja en evidencia este “cambio de centro eclesial”. Lejos de disminuir ella para que apareciesen los signos del Resucitado el pecado eclesial ocupó todo el escenario concentrando en sí la atención y las miradas”.

Con estas contundentes palabras llenas de verdad, sinceridad y dolor, el Papa Francisco sorprende a todos y les dice mucho más a los obispos chilenos participantes de las reuniones programadas en la Santa Sede. Vemos como el mundo entero siente que el documento del Papa “Para la meditación y la oración”, está marcando -por fin- un nuevo rumbo de la Iglesia, ese rumbo de servicio y no de poder que nunca se debió perder, ya que es la esencia de la Iglesia Católica y su hermosa Misión evangelizadora.

En estos momentos históricos que estamos viviendo como Iglesia Católica, hoy, los Laicos y Laicas de Osorno queremos compartir unas sencillas reflexiones que nos parecen de la máxima importancia. Puesta nuestra mirada en lo que viene y ad portas de nuestro III Encuentro Laical que celebraremos en Osorno el día 2 de junio.

Lo primero que queremos decir es una palabra de agradecimiento al Papa Francisco. No olvidamos que ya pidió perdón, que envío en “misión especial” al arzobispo Charles Scicluna y al P. Jordi Bertomeu, Y que ambos cumplieron una extraordinaria tarea de escuchar sin prejuicios, con respeto y solo mirando reparar todo el mal causado por años de silencio, mentiras,  y otras muchas actividades siniestras con el único fin de encubrir los abusos sexuales, de conciencia y de poder que se verifican a lo largo de todo Chile.

También, nunca dejaremos de agradecer el temple y el coraje a toda prueba de nuestros amigos Cruz, Hamilton y Murillo que supieron mantenerse con valentía y paciencia en esta lucha, resistiendo todo tipo de bajezas y calumnias. Pero, llegaron a Roma, les recibió el Papa como sus invitados especiales y vemos que ya todo comienza a cambiar, con lentitud, pero este camino es ya irreversible, sin vuelta atrás, gracias a Dios.

Nos parece oportuno, en este nuevo tiempo, recordar la providencial carta que envió al Papa el Cardenal Sean O’Malley, eran los difíciles días en que Francisco pedía pruebas…Pero esa misiva logró ayudar a descorrer un velo de impunidad e intrigas que se tejían, desde hace años, en la Nunciatura Apostólica con plena anuencia de Ivo Scapolo y del Cardenal Errázuriz que estaba junto al Papa en el C9 desde el inicio de su pontificado y que calló en forma encubierta tantos hechos  perversos e insostenibles. Pero llegó la hora de la verdad y la justicia, el tiempo de que “nada permanecerá oculto”.

En este tiempo de veritatis, hemos de mirar lejos. Y por esta razón volvemos a expresar nuestro parecer sobre algunos puntos concretos y trascendentes que vienen para la Iglesia chilena. Ya que el mal causado por encubrir a los abusadores y denostar a los abusados no se debe volver a repetir ya que es la perversión misma el “ser eclesial”.

Que vengan los cambios es lo que, en justicia,  esperamos todos.

Es claro, a los ojos de quien quiera ver, que ya no pueden continuar en las Diócesis los obispos salidos de la cantera de Karadima. Esperamos que, en el corto plazo, lleguen pastores alejados del círculo de los encubridores de abusos y distantes de todo personalismo, narcisismo y clericalismo tal como lo expresa el Papa en su nueva Carta. Entendemos los tiempos de la Iglesia, pero los ojos del mundo esperan esas medidas para empezar el largo proceso de que nuestra Iglesia recupere la credibilidad dañada.

Nadie quiere que vengan nuevos obispos proclives -desde el Seminario- al boato, la riqueza, las casas lujosas y el autoritarismo clerical que se reproduce en una “psicología de élite o elitista que termina generando dinámicas de división” en el clero y confusión generalizada, ya que con esas actitudes se trastoca y contradicen las enseñanzas del Evangelio. Este escándalo no puede continuar, en palabras del propio Papa.

Es urgente que se abra la forma en que se eligen los nuevos obispos. No se puede continuar con el mecanismo exclusivo del carrerismo, secretismo y que solo el Nuncio sea juez y parte en las  calificaciones y propuestas de nombres ante la Congregación para los Obispos. Por esta razón, valoramos que estuviera presente el Cardenal Marc Ouellet en las reuniones del Papa con los obispos.

Nuevamente, planteamos una propuesta que hicimos el 10 de mayo pasado y que se malinterpretó, he aquí nuestra solicitud textual: Ante estos acontecimientos históricos que estamos viviendo, nos atrevemos a proponer -con respeto y humildad- que venga prontamente a Chile una persona de plena confianza del Santo Padre para iniciar un proceso de consultas e ir delineando perfiles adecuados de personas que puedan acceder -sin reproches- al Episcopado. Dicho con toda sinceridad, nos parece que la persona apropiada para esta nueva y delicada tarea sería el P. Jordi Bertomeu. Porque le conocemos y sabemos bien de su idoneidad, capacidad de escucha y fidelidad plena a una Iglesia servidora, misionera y dialogante.

Finalmente, nos anima la esperanza de que sea el propio Papa en su profética Carta-Documento quien exprese y reivindique con claridad, en plena fidelidad al Concilio Vaticano II, el respeto que se debe tener a todo el pueblo de Dios. Y lo señala con todas sus letras; que hay que buscar genuinamente -sin autoritarismos- apoyo en el Laicado ya que “en ese pueblo fiel y silencioso radica el sistema inmunitario de la Iglesia”.

Mario Vargas Vidal                            Danilo Andrade Barrientos

Vocero                                                  Laico Ignaciano

Comunidad de Laicos y Laicas de Osorno – Chile

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Comunidad de Laicos y Laicas de Osorno, junto a Felipe Berríos, S.J.

 

 

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