|Viernes, Agosto 14, 2020
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Nada de eso entre nosotros 

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Mientras suben a Jerusalén, Jesús va anunciando a sus discípulos el destino doloroso que le espera en la capital. Los discípulos no le entienden.   Andan disputando  entre  ellos  por  los  primeros  puestos.   Santiago  y  Juan, discípulos  de  primera  hora,  se  acercan  a  él  para  pedirle  directamente sentarse un día   «el uno a tu derecha  y  el otro a tu izquierda».

A Jesús se le ve desalentado:   «No sabéis lo que pedís».   Nadie en el grupo parece  entender  que  seguirlo  de  cerca  colaborando  en  su  proyecto siempre será un camino no de poder  y  grandezas, sino de sacrificio y cruz.

Mientras tanto, al enterarse del atrevimiento de Santiago y Juan, los otros diez se indignan.   El grupo está más  agitado  que nunca.   La  ambición  los está  dividiendo.   Jesús los reúne a todos para dejar claro su pensamiento.

Antes  que  nada  les  expone  lo  que  sucede  en  los  pueblos  del  Imperio romano.   Todos conocen los abusos de Antipas y las familias herodianas en Galilea.  Jesús lo resume así: los que son reconocidos como jefes utilizan su poder para «tiranizar» a los pueblos, y los grandes no hacen sino «oprimir» a sus súbditos.   Jesús no puede ser más tajante:  «Vosotros, nada de eso».

No quiere ver entre los suyos nada parecido:   «El  que  quiera  ser  grande entre  vosotros  que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros que sea esclavo de todos».   En su comunidad no habrá lugar para el poder que oprime,  solo para el servicio que ayuda. Jesús no quiere jefes sentados a su derecha e izquierda,  sino servidores como él que dan su vida por los demás.

Jesús deja las cosas claras.   Su Iglesia no se construye desde la imposición de los de arriba,  sino desde el servicio de los que se colocan abajo.  No cabe en ella jerarquía alguna en clave de honor  o  dominación.   Tampoco métodos y estrategias de poder.   Es el servicio el que  construye   la Iglesia de Jesús.

Jesús da tanta importancia a lo que está diciendo que se pone a sí mismo como ejemplo, pues no ha venido al mundo para exigir que le sirvan, sino «para  servir  y  dar  su  vida  en  rescate  por  todos».  Jesús  no  enseña  a nadie  a triunfar en la Iglesia,  sino  a  servir  al  proyecto  del  reino de Dios desviviéndonos  por los más  débiles  y  necesitados.

La  enseñanza  de Jesús  no  es  solo  para  los  dirigentes.   Desde  tareas  y responsabilidades  diferentes  hemos de  comprometernos  todos  a  vivir con más entrega al servicio de su proyecto.   No necesitamos en la Iglesia imitadores de Santiago y Juan,  sino  seguidores  fieles  de  Jesús.   Los  que quieran ser importantes que se pongan a trabajar y colaborar.

José Antonio Pagola

Grupos de Jesús   –   Bilbao

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