|Domingo, Diciembre 15, 2019
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En el corazón de las masas 

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Algunos cristianos creyeron que podían testimoniar de la salvación divina por pura presencia en el corazón de las masas. Hoy día, en Chile como en otras partes del mundo, muchos cristianos se sienten  perdidos en medio de masas que exigen cambios profundos de la sociedad.

Se sorprenden entre  pacíficos y  violentistas. Los más viejos desvelan sus traumas y temores del pasado, no se imaginan que su generación fue la que ha producido estos desequilibrios y buscan en qué espiritualidad refugiarse o a qué santo recurrir. Otros acomplejados  por las corrupciones en sus propias  instituciones, buscan no hacerse notar. Los laicos católicos  más activos se preocupan mayormente de las reformas internas de sus instituciones para sanear los vicios del clero y la falta de democracia  de sus estructuras. Salvo algunos discursos moralizadores de algunos eclesiásticos que llaman  al dialogo y a la paz, no se destaca ninguna postura especial de las iglesias  por la crisis existente. Esta  situación de la cristiandad actual  traiciona la presencia histórica de la Iglesia en el acontecer nacional. ¿Dónde está el Dios de la cristiandad  en todos estos estragos? Falló la evangelización de las realidades temporales. La  prioridades laicales son  la familia, el trabajo, la política, la ecología… y no las sacristías, los ministerios litúrgicos, las devociones…

Es bueno recordar  que cuando Jesús mandó sus discípulos a evangelizar (Mateo 10), les aconsejó estrategias y  tácticas: ser “astutos como serpientes y mansos como palomas…” Es urgente que los cristianos piensen en proyectarse inteligentemente para tomar posición e iniciativas  en las manifestaciones, cabildos y políticas del momento. Pensando en esto, se puede hacer  algunas ocurrencias.

La primera es  la estrategia es la  “solidaridad”. Los manifestantes de todo tipo  se encontraron en las calles en una sorpresiva solidaridad. Dejaron su pasividad, salieron a llenar avenidas y plazas. De la misma manera  los participantes de los cabildos están descubriendo la misma solidaridad. Los cristianos pueden actualizar las ilustres palabras del concilio Vaticano II que decían que las  angustias y esperanzas humanas  son también las de los discípulos de Jesús. La religiosidad  y menos todavía el cristianismo pueden seguir de refugio para miedosos y cohibidos. De no entrar en esta solidaridad básica, los laicos no podrán testimoniar de su fe en Dios

Hablemos de la estrategia cristiana  respecto de la violencia, de todas las violencias: injusticias sociales, económicas, familiares, terroristas y  represivas. La violencia es un mal común. La cara  viciosa  de la paz es la falsedad de los sentimientos pacifistas  baratos y la pasividad distante de todos los problemas. Hay demasiadas violencias en margen de las manifestaciones y esto porque no hay líderes de la no-violencia. Los grandes líderes de la no violencia: Jesús,  Gandhi, Luther King… nos enseñaron que la violencia se apaga sólo con sacrificios. ¿Qué soy capaz de sacrificar para que haya Paz?: ¿mi consumo excesivo, mis relaciones clasistas, mi tiempo para participar, compartir, mis ideas preconcebidas…?  Hablar de superación de la violencia es hablar de examen de “conciencia” pero sobre todo de examen de “corazón” para saber si mi amor abarca toda esa gente que se manifiesta, los violentos, las víctimas, los carabineros y todos.

Se habla de escuchar las personas, sus frustraciones económicas y sociales. Las autoridades  ofrecen “dialogo”  para responder a las demandas ciudadanas. Pero el oír, de por sí, no soluciona los problemas tampoco lo es un acuerdo para salir del paso. Para que haya comprensión mutua y verdadera solución para  el dialogo se requiere revelar  las motivaciones (los porqués) de las ideas u opiniones que se adelantan. De la misma manera se trata de descubrir las razones que tienen los interlocutores para las ideas que exponen. Si no se llega a este nivel de intercambio es difícil que los diálogos sean útiles. El testimonio cristiano es de este orden de profundidad. Por una parte se trata de explicarse hasta llegar a dar referencias de la fe propia y por otra parte, en una disposición  tolerante para pedir y recibir las justificaciones de las demás como para abrirles  percepciones  que pueden llegar a interpretar la fe. Es necesario repetir que el verdadero dialogo exige  coherencia y  consecuencia. Nuestra Iglesia y nuestras comunidades si quieren interactuar con la sociedad civil necesitan aprender mucho de este serio ejercicio del dialogo.  El diálogo es el lugar  donde Dios nos espera.

La última estrategia cristiana y quizás sea la primera,  es la oración. La oración es un ejercicio perseverante que nos ajusta poco a poco a los designios de Dios. Es la mejor manera de acertar de hacer la voluntad de Dios en la tierra como en el cielo.  

Paul Buchet

 

 

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