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La verdadera fe es seguir a Jesús… 

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Comentario al Evangelio 8 de diciembre de 2018

Mateo 3,1-2: “Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea pre­dicando: “Convertíos, porque está cerca el Reino de los Cielos. Este es el que anuncio el profeta Isaías diciendo: Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”. Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se ali­mentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados y el los bautizaba en el Jordán…”.

1.-Desprendimiento: Tanto Juan el Bautista como Jesús de Nazaret empezaron su camino en el desierto, es decir, desprendiéndose de todo lo que no nos hace falta para vivir dignamente, porque lo que nos sobra es un deber para la necesidad del prójimo: es un robo a los necesitados, a la naturaleza, y como consecuencia a Dios mismo presente en ellos, no porque la haga falta a Dios, sino porque les hace falta a los necesitados y a la naturaleza. Demos, pues, un poco de austeridad a nuestras vidas para aportar algo a los demás sin esperar nada a cambio más que la satisfacción de cumplir con nuestro deber como seres humanos y más como creyentes, sin ninguna presunción, porque habremos hecho lo que debíamos hacer. En otras palabras: hagamos un uso sustentable de todo aquello que necesitamos para vivir dignamente. De esta manera siempre habrá lo suficiente para todos.

 2.-Jesús es el camino: Juan Bautista nos dice: “allanad sus senderos”. El mensaje de Jesús es para allanar senderos, senderos para este mundo a fin de que todos podamos caminar satisfechos por la vida, no  para complicarla con leyes y normas sinuosas, represoras, injustas y asimétricas… Jesús es la senda, el camino de la vida verdadera para este mundo y esta tierra, dejado por Él, abierto para todos. El sendero de Jesús es el amor, la fraternidad, la bondad, la misericordia, la justicia, la igualdad, la comprensión, la amistad, el reconocimiento, y sobre todo el compromiso con los empobrecidos, que son “portadores de una presencia divina”..

 3.- La fe verdadera: Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se ali­mentaba de saltamontes y miel silvestre.  Así pues, el camino no son las mitras, ni los birretes, ni los báculos, ni los ritos, ni las ostentaciones, ni las solemnidades, ni las emociones, ni los “viajes” a Tierra Santa por 1930 euros cuando millones de personas están muriendo de hambre. Ninguna de esas cosas son fe ni camino de la fe. La fe verdadera no es creer en Dios, ni conocer a Dios. Tampoco consiste en creer en Jesucristo ni en su mensaje, porque la fe verdadera no son creencias. La fe verdadera son los hechos que nos llevan a seguir a Jesucristo, viviendo como El vivió, actuando como El actuó, luchando como El luchó, amando como El  amóLa fe verdadera es el seguimiento de Jesús, es el compromiso con la humanidad empobrecida, maltratad y oprimida.   La fe verdadera son los hechos de lucha por la justicia, la fraternidad, la igualdad, la solidaridad, el amor, la esperanza para todos los seres humanos y la Madre Tierra. Es el camino de Jesús hasta la misma cruz si hace falta.

 4.-Quienes seguían a Jesús: A Jesús no lo seguían ni sacerdotes, ni rabinos, ni personas de la alta sociedad, ni notables, ni ricos, ni funcionarios del templo. A Jesús lo seguían multitudes de gente pobre, austera, sencilla, marginada, ciegos, enfermos, mujeres menospreciadas y rechazadas, hambrientos, esclavos, trabajadores del campo o del mar, extraños o extranjeros, todos los  que encontraban en El una respuesta de liberación, de esperanza, de comprensión, de vida, todo lo que todos anhelamos más profundamente.

P. Faustino Vilabrille Linares

Gijón Asturias

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