Abril 17, 2024

El socialismo en el que creemos

 El socialismo en el que creemos

Fernando Astudillo Becerra[1].-

Los acontecimientos de estas últimas décadas y particularmente el rechazo del proyecto de nueva constitución el 4 de septiembre de 2022, sumado al triunfo electoral inobjetable de la extrema derecha el 7 de mayo de 2023, nos mueve a reflexionar sobre la necesidad de trasmitir un discurso claro a los pueblos de Chile sobre que significa  ser de izquierda y socialista hoy, cuáles son sus características y los sueños a los que se invita a construir y de qué modo estos pueden y deben impactar la vida de las personas y de la sociedad.

Empecemos diciendo que la mirada del socialismo, en la presente opinión, se hará desde el pensamiento de Izquierda Cristiana (IC).

Creemos que en el socialismo, elevado a su más alta expresión con la incorporación del pensamiento humanista cristiano, está el verdadero desarrollo de una sociedad humana, que este no es solo ni necesariamente un modelo económico, sino que supone la concreción de una idea, un sueño: el triunfo definitivo sobre todas las formas de esclavitud, explotación, discriminación e injusticia entre las personas, los pueblos y las comunidades.

Por lo que optamos por  el socialismo porque creemos que es un sistema  más humano, de verdadera igualdad, es decir, un sistema que busca superar la cultura del egoísmo y el consumo que parece dominar a la humanidad.

El socialismo debe creer fehacientemente en la soberanía popular, por lo que ninguna decisión trascendente puede ser adoptada en el país sin consultar con el pueblo: democracia, transparencia, contrapeso y control popular. Democracia material o sustantiva como un elemento central de este modelo que se quiere construir. Es un imperativo que los pueblos de Chile y sus comunidades desarrollen la capacidad de participar, debatir, decidir sobre los destinos del país. Todas las grandes decisiones deben ser  analizadas por los pueblos y decididas con su consenso.

El Socialismo necesariamente supone transformaciones  en los aspectos estructurales, funcionales, institucionales, jurisdiccionales y  políticos con el impacto que ello debe provocar en lo económico y social.  Esto supone además la construcción de nuevas formas culturales de relaciones humanas, donde la centralidad esté puesta en las personas y su desarrollo, sin distinciones de ningún tipo y, especialmente hoy, en el respeto y cuidado de la naturaleza y la biodiversidad.

Uno de los vuelcos conceptuales y prácticos más importantes que tiene el socialismo, tiene que ver con la concepción de la economía, ya que  ser socialista hoy no supone creer que todos los medios de producción deben estar en manos del Estado, ya que una cosa es el Estado como propietario en nombre de las naciones y de los pueblos, y otra los diversos modelos en que puede gestionarse la propiedad.  La propiedad social, estatal y privada deben saber convivir en un marco de respeto y dignificación del trabajo como una principal fuente de la riqueza y el desarrollo para todos los miembros de la comunidad.

Una aclaración de esa naturaleza es la que permite comprender que es parte de una economía socialista también el trabajo por cuenta propia o la pequeña propiedad personal o familiar, las cooperativas en el sector agropecuario y no agropecuario y la propiedad privada en el sector productivo, con una importante precisión: siempre deberá primar el rol social de la propiedad y de los medios de producción.  Nunca el trabajo puede ser una forma de alienación , ni de explotación por el capital.

Socialista son quienes no han renunciado a la utopía y cree que esta  es realizable. La sociedad perfecta no existe pero, siguiendo a Eduardo Galeano:

“…la utopía está en el horizonte: Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para avanzar”.

El socialismo exige asumir la democracia de una perspectiva humanista, esto es, no desde una mirada solo adjetiva, se trata de conferir a las personas un real protagonismo, basado en una participación responsable en las tareas concretas, en el empleo social de los diversos saberes, en la reivindicación del destino y sentido del país y la patria, así lograr hacer de cada quien objeto y sujeto de la historia.

El socialismo recoge  lo mejor de la tradición histórica humanista, cristiana y marxista para forjar una sociedad mejor, más justa, más solidaria, donde los seres humanos sean hermanos y no lobos que se despedazan, no creemos que “el hombre es el lobo del hombre” (Tomas Hobbes, Leviathan).

El Socialismo debe hacer a los pueblos, que lo integran, dueño de los destinos del país; dueño de nuestras tierras, de nuestros bosques, de nuestras minas, de nuestras aguas. Los principales recursos del país deben dejar de estar en manos de un grupo de privilegiados para convertirse en efectivo patrimonio de los pueblos de Chile.

El Socialismo debe traer las más amplias posibilidades de educación y cultura para el pueblo. Debemos llenar el país con museos, bibliotecas, casas de cultura, grupos de teatro y danza, artistas plásticos, músicos, cantantes, orquestas, murgas, fotógrafos, cineastas, instructores de arte.

El Socialismo debe potenciar la Ciencia y el conocimiento.

El Socialismo debe convertir el deporte en verdadero derecho del pueblo. No puede estar mediatizado por los negocios, ni por el aporte privado para su desarrollo, debe ser una tarea principal del Estado su promoción, desarrollo y potenciación.

El Socialismo debe fomentar enormes valores humanos y morales. Poner a las personas y las comunidades en el centro de las políticas de gobierno, generar empleos dignos, abrir posibilidades de superación, estimular el respeto al talento y a la entrega. Hacer que las personas y las instituciones sean capaces de entregarse a los ideales de un mundo más justo y libre.

El Socialismo debe crear un sistema de seguridad social, que protege al campesino/a, al pescador/ra, al obrero, al empleado/a, al jubilado/a, a la embarazada, al enfermo/a, a las familias con más necesidades y que no discrimina por la procedencia, ni el color de la piel, ni la creencia religiosa o política. La seguridad social no es un negocio que permita el lucro de privados.

El Socialismo debe hacer partícipe fundamental de la construcción social a la mujer, retribuir salarialmente igual al hombre por igual empleo, abrir oportunidades en profesiones y oficios que antes siempre le fueron vedados, convertirla en actor político, científico, cultural, deportivo y laboral de primer orden.

El socialismo cree en la libre determinación de los pueblos indígenas, apoya y respeta sus reivindicaciones históricas respecto de su tierra y sus territorios. Se suma al respeto de su cultura, sus leyes propias, su gobernanza y el ejercicio de la jurisdicción de acuerdo a sus normas, costumbres y tradiciones.

El socialismo debe contribuir a crear la más amplia y original red de organizaciones y movimientos políticos y sociales que involucre a la inmensa mayoría de nuestros pueblos.

El Socialismo debe permitir que no obstante las condiciones de la economía del Estado se preserve la mayor justicia y solidaridad social posible y se  privilegie, aún en medio de las peores circunstancias, el derecho a la vida de cada habitante de nuestro Chile.

El Socialismo nos debe enseñar a enfrentar el egoísmo y el individualismo excluyente y a pensar en colectivo, a soñar en el bien común, a actuar como comunidad de iguales, a realzar la conciencia y la cooperación entre los ciudadanos por sobre las mezquindades y las indisciplinas sociales aún presentes.

El socialismo debe ser capaz de generar prosperidad y satisfacción para nuestros ciudadanos aún en los escenarios económicos más adversos. Ello supone siempre ser capaz de organizar el presupuesto nacional de modo que se garanticen los mínimos éticos para el desarrollo de la vida: alimentación, salud, educación y vivienda.  Esto supone impulsar y trabajar por consolidar: la construcción de una sociedad próspera y sostenible en lo económico, social y medioambiental; comprometida con el fortalecimiento de los valores éticos, culturales y políticos forjados por las visiones humanistas cristianas y marxistas; en un país soberano, independiente y democrático.

El socialismo en el que creemos es capaz de entrar en la batalla de las ideas, ya que nos enfrentamos con ideas, a una poderosa maquinaria cultural, ideológica y mediática que vierte miles de mensajes y símbolos manipulados, mentiras y confusión sobre nuestros pueblos y la opinión pública mundial. No nos sumamos, ni validamos el discurso del imperio.

Debemos ser capaces de desarrollar un pensamiento social crítico y aportador, capaz de participar con eficacia y contundencia en la batalla cultural que se está librando.  Para lograrlo, hay que sostener la fortaleza de la unidad, dentro de la diversidad de nuestra sociedad.

Resumiendo, creemos que ser socialista hoy es:

En primer lugar,  tomar conciencia de los condicionamientos a los que estamos todos sometidos, y la aceptación de una necesaria deconstrucción que permita una nueva visión de la realidad y una nueva concepción del poder, que sustituya el poder concebido como dominación, y de paso al poder entendido como servicio.

En segundo lugar, una actitud,  un modo de ser en el mundo, una moral, una ética cuyas características habrá que ir precisando según el contexto, pero que en esencia asume valores colectivos fundamentales como: el pleno respeto de los derechos humanos, léase derechos económicos, sociales, culturales y ambientales; libertad política, democracia directa sustantiva; igualdad social, tolerancia, diversidad, disenso, igualdad de género; concepción crítica del derecho y sus instituciones; respeto por el medio  ambiente y la naturaleza; interés nacional, integración regional; deliberación pública, división de poderes, democratización de la economía; la convicción de la fuerza transformadora de lo comunitario, participación y control de la ciudadanía, vida asociativa amplia; reconocimiento de la autonomía, gobernanza, derecho propio de los pueblos indígenas; todos principios que deben regir el funcionamiento de la vida común, y ocupar un lugar relevante en la agenda constitucional y legislativa del Estado.

En tercer lugar, proponer un modelo de sociedad y economía  consistente con esos valores, que supere el modelo capitalista No es estado de bienestar, no es social democracia,  es economía solidaria y ecológica, desarrollo sustentable y a escala humana.

En cuarto lugar, promover una democracia en que todos/as tengan la capacidad real de influir en la toma de decisiones, fiscalizar a quienes detentan poder y acceder a puestos de gobernanza.

Para los que nos definimos de izquierda, ser socialista es creer que es un imperativo ético superar la desigualdad, la discriminación y construir una sociedad de justicia social,  que es una obra colectiva, profundamente humanista.  

En el socialismo las únicas ideas pétreas son las de igualdad, fraternidad, no discriminación, democracia material, efectivo respeto de los derechos humanos y justicia social, en lo demás creemos, como lo señaló Fidel en su discurso del 17 de abril de 2011, que: “La nueva generación está llamada a rectificar y cambiar sin vacilación todo lo que debe ser rectificado y cambiado, y seguir demostrando que el socialismo es también el arte de realizar lo imposible: Construir y llevar a cabo la revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes…”.

[1] Es hijo de Alberto y Mercedes un sastre y una modista de Valparaíso, Doctor en Derecho; Magister en Derecho con mención en Derecho Público; Magister (C ) en Filosofía con mención en pensamiento contemporáneo, todos de la Universidad de Valparaíso; Experto en Pueblos Indígenas, Derechos Humanos y Cooperación Internacional  de la Universidad Carlos III de Madrid.

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