Mayo 24, 2024

Mensaje Vaticano por el mes de Ramadán

 Mensaje Vaticano por el mes de Ramadán

Cristianos y Musulmanes:
Apagar el fuego de la guerra y encender la vela de la paz

Queridos hermanos y hermanas musulmanes;

Una vez más los saludamos con motivo del mes de Ramadán con un mensaje de cercanía y amistad, conscientes de la importancia de este mes para vuestro camino espiritual y para vuestra vida familiar y social, que abraza también a vuestros amigos y vecinos cristianos.

Nos complace saber que nuestro Mensaje anual a vosotros por el Ramadán es un medio importante para fortalecer y construir buenas relaciones entre cristianos y musulmanes, gracias a su difusión a través de los medios tradicionales y modernos, en particular las redes sociales. Por esta razón, sería beneficioso dar a conocer mejor este Mensaje entre ambas comunidades.

Nos hubiera gustado compartir con ustedes algunas consideraciones sobre un tema diferente al que hemos elegido abordar. Sin embargo, el creciente número de conflictos en estos días, que van desde combates militares hasta enfrentamientos armados de diversa intensidad que involucran a Estados, organizaciones criminales, bandas armadas y civiles, se ha vuelto verdaderamente alarmante. El Papa Francisco observó recientemente que este aumento de las hostilidades está, de hecho, transformando “una tercera guerra mundial librada poco a poco” en “un auténtico conflicto global”.

Las causas de estos conflictos son muchas, algunas de larga data y otras más recientes. Junto con el perenne deseo humano de dominación, las ambiciones geopolíticas y los intereses económicos, una causa importante es sin duda la continua producción y comercio de armas. Incluso cuando una parte de nuestra familia humana sufre gravemente los efectos devastadores del uso de estas armas en la guerra, otros se regocijan cínicamente por el gran beneficio económico que se deriva de este comercio inmoral. El Papa Francisco describió esto como mojar un bocado de pan en la sangre de nuestro hermano.

Al mismo tiempo, podemos estar agradecidos de poseer también inmensos recursos humanos y religiosos para promover la paz. El deseo de paz y seguridad está profundamente arraigado en el alma de toda persona de buena voluntad, ya que nadie puede dejar de ver los trágicos efectos de la guerra en la pérdida de vidas humanas, el número de heridos graves y las multitudes de huérfanos y viudas. La destrucción de infraestructuras y propiedades hace que la vida sea irremediablemente difícil, si no imposible. A veces, cientos de miles de personas se ven desplazadas en su propio país o se ven obligadas a huir a otros países como refugiados.

En consecuencia, la condena y el rechazo de la guerra deben ser inequívocos: toda guerra es fratricida, inútil, sin sentido y oscura. En la guerra todos pierden. Una vez más, en palabras del Papa Francisco: “Ninguna guerra es santa, sólo la paz es santa”.

Todas las religiones, cada una a su manera, consideran la vida humana sagrada y, por tanto, digna de respeto y protección. Afortunadamente, los estados que permiten y practican la pena capital son cada vez menos. Un sentido renovado del respeto por esta dignidad fundamental del don de la vida contribuirá a la convicción de que se debe rechazar la guerra y valorar la paz.

Aunque con sus diferencias, las religiones reconocen la existencia y el importante papel de la conciencia. Formar conciencias para respetar el valor absoluto de la vida de cada persona y su derecho a la integridad física, a la seguridad y a una vida digna contribuirá igualmente a la condena y al rechazo de la guerra, de cualquier guerra y de todas las guerras.

Miramos al Todopoderoso como Dios de paz, fuente de paz, que ama de manera especial a todos aquellos que dedican su vida al servicio de la paz. Como tantas cosas, la paz es un don divino pero al mismo tiempo fruto de los esfuerzos humanos, especialmente en la preparación de las condiciones necesarias para su establecimiento y conservación.

Como creyentes, también somos testigos de la esperanza, como recordamos en nuestro Mensaje para el Ramadán de 2021: “Cristianos y musulmanes: testigos de la esperanza”. La esperanza puede simbolizarse con una vela, cuya luz irradia seguridad y alegría, mientras que el fuego, descontrolado, puede provocar la destrucción de la fauna y la flora, las infraestructuras y la pérdida de vidas humanas.

Queridos hermanos y hermanas musulmanes, unámonos para extinguir los fuegos del odio, la violencia y la guerra y, en cambio, encendamos la suave vela de la paz, aprovechando los recursos para la paz que están presentes en nuestras ricas tradiciones humanas y religiosas.

Que vuestro ayuno y otras prácticas piadosas durante el Ramadán y la celebración del ‘Id al-Fitr que lo concluye, les traigan abundantes frutos de paz, esperanza y alegría.

Vaticano, 11 de marzo de 2024

Miguel Ángel Cardenal Ayuso Guixot, MCCJ
Prefecto

Mons. Indunil Kodithuwakku Janakaratne Kankanamalage
Secretario

Editor