Mayo 25, 2024

La acción de los laicos en la Iglesia

 La acción de los laicos en la Iglesia

Iglesia de los laicos quiere decir en algún sentido Iglesia de la inclusión, o Iglesia de la no exclusión. Jesucristo quiere convocar a todos, hombres y mujeres de todas las edades y condiciones sociales, para estar con él y trabajar con él. 

A menudo se subraya el rol del laico fuera de la Iglesia, en el mundo, cosa que no es poco importante pero que no significa que los laicos no debamos hacernos cargo de la Iglesia y sus problemas. Hay una responsabilidad grave, ineludible e inevitable de los laicos en la comunión eclesial y en la organización eclesial. Nos corresponde trabajar para una Iglesia más fiel a su fundador, aportando nuestra parte de magisterio y de teología, nuestro estilo de vida sencillo, nuestro profetismo, nuestra realeza y nuestro sacerdocio al interior de la Iglesia. Nos corresponde ayudar a construir una iglesia participativa, dialogante en su interior, con espacios para que se manifieste la riqueza que el Espíritu del Señor nos concede a nosotros los laicos. Nos concierne traer de vuelta a la Iglesia las críticas que recibimos, junto con las dificultades y contradicciones que experimentamos en nuestro contacto con los no creyentes, con los alejados, con los jóvenes, con los marginados. Nos corresponde ayudar a que la organización y finanzas de la Iglesia sean sanas, transparentes, eficaces y coherentes.

Es preciso que los pastores vean en los laicos a adultos en la fe, cuya participación en la Iglesia no consiste solamente en participar de la catequesis o la liturgia, como receptores o como monitores. Y debemos entender que de esta adultez y protagonismo que vivamos al interior de la Iglesia dependerá en gran parte nuestra credibilidad ante el mundo, en el que vivimos nuestra peculiar inserción como cristianos laicos: no podemos testimoniar en el mundo asuntos que evadimos o postergamos en la Iglesia. Todo esto supone no sólo crear nuevos espacios y nuevos estilos de gestión y animación en la Iglesia , sino sobre todo supone que los laicos asumamos nuestra adultez y protagonismo en ella, dedicando energías, esfuerzos, talentos, recursos, etc.

No obstante, todo lo anterior no puede ser analizado ni vivido desde una postura adolescente de autoafirmación o desde una posición social de reivindicación. Todo esto surge del amor a la Iglesia , a la que vemos indisolublemente ligada a Jesucristo. No hay prisas destructivas, sino sentido de proceso, de crecimiento en Cristo. Y bien sabemos que los tiempos de la Iglesia son lentos, y que no dependen sólo de nosotros. Muy ligados al corazón de la Iglesia , los laicos hemos de salir a caminar para explorar sus fronteras, y abrirnos a nuevas posibilidades. También hemos de aportar nuestros sueños para nuestra Iglesia y trabajar dentro de ella para irlos cristalizando.

En parte lo hacemos en algunas de nuestras asociaciones y en algunas parroquias, pero ellas también han de ser objeto de discernimiento permanente para que sean genuinas expresiones del Espíritu del Señor en la Iglesia , con suficientes vasos comunicantes con el tejido más amplio de la Iglesia.

 José Reyes / Teólogo

Editor