|Viernes, Septiembre 22, 2017
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La sombra de los abusos sexuales en la Iglesia de Chile 

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Tanto en el Vaticano como en Chile, se sabe del enorme daño causado por Fernando Karadima a los jóvenes abusados sexualmente en la Parroquia a su cargo por décadas. Y, cómo estos graves delitos que no cesan, han afectado la credibilidad y la misión de la Iglesia chilena especialmente en Osorno y en medio del disímil mundo juvenil.

Pero, como han dicho las víctimas de este crimen y los especialistas en tan delicado tema, estas deleznables actitudes lastimosamente han continuado. Prueba de ello son los nuevos casos de pederastia que hoy afectan a la Congregación de los Hermanos Maristas, cuyo carisma es educar a los jóvenes… ¿Vendrán más denuncias? Lo más posible es un doloroso sí! Como ya se ha visto en Santiago, Buenos Aires, Barcelona…

A la luz de los hechos denunciados recientemente por la Congregación, cuesta entender por qué se ocultó por años el caso del Hno. Abel Pérez quién confesó sus abusos sexuales hace más de diez años en contra de  alumnos del Instituto Alonso de Ercilla y del Colegio Marcelino Champagnat, sin embargo, no se le denunció ante los tribunales eclesiásticos ni el civil, al contrario, salió de Chile con un claro propósito de consumar la impunidad ante el crimen de haber abusado a lo menos de 14 jóvenes estudiantes.

La orden Marista desde hace más de 100 años tiene en Chile como trabajo misionero central a: “los jóvenes a los que queremos servir, especialmente los más desfavorecidos, la tarea de evangelizar a través de la educación y nuestro carácter propio como Marista…”. (Comisión Internacional Marista de Educación – 1998). Pero en forma temeraria e ignorando su propio carisma heredado de San Marcelino Champagnat, representantes de la Congregación han dicho que “No teníamos en ese momento esa sensibilidad, esa de denunciar. No se nos pasó por la mente”. Y, “que están agradecidos de todo el trabajo del Hno. Abel…”. ¿Esta curiosa explicación junto con la petición de perdón es seria y aceptable?

Ante el estupor y rechazo que causaron estas declaraciones de la plana mayor de la Orden Marista provincia de Chile, me viene a la memoria lo que comentó un religioso de esa misma Congregación a raíz de abusos sexuales cometidos en colegios Maristas Catalanes: “La experiencia de los abusos trastorna la percepción real de las cosas, hunde en la vergüenza y en el desconcierto, sume en un silencio de gritos enmudecidos. Ni la red escolar ni el hogar de la familia han sabido adivinar unas interioridades infantiles destrozadas. Sufrimiento, mucho sufrimiento…Las heridas en las víctimas siempre son graves. El tratamiento en el pasado era a menudo muy deficiente. Ahora estamos en el camino adecuado y hay que recorrerlo con determinación. Todas las instituciones deben remar en la misma dirección: Detectar, reconocer, denunciar, curar…Tareas indispensables para cicatrizar las heridas”. (Hno. Luis Serra; Teólogo Marista y psicólogo).

La perversidad del abuso sexual y sus complicidades

Por estos días, Fernando Karadima sufrió un infarto y está hospitalizado en el Hospital Clínico de la Universidad Católica. La noticia es comentada en variados ambientes cristianos y surge la pregunta legítima: ¿Hablará finalmente con la verdad, reconocerá sus crímenes y pedirá perdón por todas sus perversidades sexuales? No se sabe. Pero sí sabemos que dejó y dejará un reguero de desgracias, injusticias y calamidades a tantos, dentro y fuera de la Iglesia. Es el alto costo que está pagando la jerarquía de la Iglesia chilena por no haber enfrentado el drama de la pedofilia en medio de los clérigos con la verdad y con la justicia. Más bien esa jerarquía, encabezada por el Cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa, desde su pedestal de poder optó -por años- por la permisividad y el silenciamiento encubridor.

Hay otro ángulo heredado de estos escándalos de abusos y poder que tienen que ver con la enorme influencia que tuvo en las más altas instancias de la Iglesia el Presbítero Fernando Karadima desde 1980 hasta el 2006 desde su inmejorable posición en la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, más conocida como de El Bosque. Me refiero a la serie de nombramientos de nuevos obispos en que él tuvo un papel preponderante junto al Nuncio de la época; monseñor Angelo Sodano. Son varios los nombres que salieron desde el deseo íntimo de Karadima, entre ellos el de Juan Barros Madrid, que hoy ejerce como titular en nuestra Diócesis de Osorno, nombrado contra el parecer de la Conferencia Episcopal y rechazado por un considerable número de feligreses y ciudadanos de esta bella porción eclesiástica ubicada al sur de Chile.

Ante esto no podemos callar, hay que decir en conciencia lo que tantos intra eclesia saben. Hoy, desde mi modesta posición laical lo repito con la debida prudencia; con o sin Karadima en esta tierra, ya existe un enorme daño a la institución eclesiástica que no solo se refleja en los altos índices de desaprobación y credibilidad sobre lo que dice o hace la jerarquía católica local. El asunto es más profundo y tiene que ver con un “modelo” de Iglesia que logró instalar Karadima y su selecto círculo de poder. Es decir, pasarán muchos años para que la Iglesia recupere su verdadero sentido de servicio genuino en bien de los que más sufren…Y con menos apego a la férrea doctrina, dogma y canon que a veces entorpece o retarda la misión sencilla y humilde a que está llamada.

Atender el Clamor por un nuevo Obispo para Osorno

En reiteradas oportunidades he expuesto el sentido de las demandas por un nuevo Obispo para la Diócesis de Osorno, del mismo modo, he denunciado que la Conferencia Episcopal no ha tomado las medidas adecuadas para no perpetuar el “modelo” de Iglesia que implantó Karadima en sus largos años de párroco y director espiritual de varias generaciones de seminaristas.  También y felizmente es bien conocida la clara posición al respecto de la Comunidad de Laicos y Laicas de Osorno que durante años vienen solicitando -con sólidos argumentos y variadas acciones no violentas- que no puede seguir la Diócesis al mando de un Obispo que fue impuesto, no querido por la mayoría de la grey y que no cuenta con el respaldo unánime del personal consagrado en esta provincia eclesiástica, al contrario, su presencia en el trabajo pastoral cotidiano produce desunión y confusión teñida de escándalo.

Pero ahora, ad portas del Te Deum y de la visita del Papa a Chile, nuestra petición de cambio se vuelve más urgente y tiene un sentido diferente. Urgente, porque algo tendrá que decir el Papa cuando venga a Temuco, nuestros vecinos lo esperan, también nosotros desde Osorno diremos lo que tenemos que decir: ¡Queremos un nuevo Obispo! Sentido diferente; cada día que pasa y ante los nuevos casos de abusos sexuales por parte del clero una mayoría ciudadana entiende mejor nuestra lucha y expresa de una u otra forma su solidaridad activa, pacífica y expectante. Es lo razonable cuando una causa es justa. No querer ni tolerar la pederastia y sus complicidades es lo justo y necesario, así lo siento desde mi perspectiva cristiana, considerando que estamos ante un problema ético-moral mayor.

En esta oportunidad deseo compartir un importante dato estadístico que me parece adecuado recordarlo y reconocerlo: En enero de 2014 la Santa Sede expuso oficialmente que durante los años 2011 y 2012, tiempo del pontificado de Benedicto XVI, la Santa Sede oficialmente expulsó a cerca de 400 sacerdotes por temas relacionados con el abuso sexual a menores en diversas partes del mundo. El propio vocero papal de la época, P. Federico Lombardi, reconoció que esta aseveración y cifra expuesta era correcta y, por cierto, tuvo la expresa aprobación del Papa Joseph Ratzinger.

Sin ánimo de polémica inconducente, pero en honor a la verdad: ¿A cuántos clérigos abusadores y pederastas reconocidos a expulsado de la Iglesia el actual pontífice? A todos -Iglesia y pueblo de Dios- nos haría bien saber que se continúa con esa justicia sustentada en la “tolerancia cero” ante la “lacra de la pedofilia” que se viene, sistemáticamente, practicando por décadas en la Iglesia, además, sería una forma efectiva de transparentar estos crímenes ayudando, poderosamente, a que vuelva la confianza en una institución que está llamada a ser creíble y profética tanto en su palabra como en su praxis de difundir y proclamar el Evangelio de Jesús en la tierra.

“Pienso en la abominable trata de seres humanos, en los delitos y abusos contra los menores, en la esclavitud que todavía difunde su horror en muchas partes del mundo…”

(Papa Francisco – Homilía en Cartagena / Colombia)

Danilo Andrade Barrientos

Laico Ignaciano  –  Osorno / Chile

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