|Lunes, Diciembre 16, 2019
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Francisco I “Sui Generis” 

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Aprovechando las circunstancias de la próxima visita del Papa a Chile, podemos recordar las expectativas que tuvo el nombramiento sorpresivo del sucesor del Papa Benedicto XVI. Todos los católicos pusieron sus esperanzas de que asumiera un Papa que frenara la perdida de fe del mundo católico y que pudiera lanzar una nueva evangelización que se presentaba más y más complicada. Si Cristo prometió acompañar a los cristianos todos los días hasta el fin del mundo  (Mat. 28,20), nosotros los católicos queremos creer que el acompañamiento divino se precisa en la asistencia especial  del Espíritu  Santo a la jerarquía católica y muy especialmente al Papa.

En el evangelio de Mateo 11,3ss leemos que Juan Bautista en la cárcel, mandó sus discípulos a pregúntale a Jesús: “¿Eres tú el que tenía que venir o debemos esperar a otro?

La respuesta que le hizo Jesús fue para quitarle toda duda. Lo que siguió después  es interesante: Jesús devuelve la pregunta a la gente: “¿Qué fueron a ver ustedes en el desierto”… ¿Quién creen que fue Juan Bautista? En esta misma perspectiva nos podemos puede preguntar: ¿“A quién van a ir a ver a Temuco, a  Santiago o a Iquique en enero próximo? ¿Para ustedes quien es el Papa?

Después  de cuatro años casi de pontificado de Francisco I podemos dar una primera respuesta parecida a la que dieron por Juan Bautista: El Papa no es uno de los ricos de los palacios vaticanos, tampoco es cualquier rama que agita el viento.  A lo contrario es un hombre sencillo que llega a Roma con su bolso llegando de un país lejano de la vieja cristiandad pero que llamó la atención de muchos.

Para buscar definirlo, se podrá utilizar la tipología tradicional de los ministerios pastorales y se  podrá añadir algunos. Este análisis nos ayudará a comprender el rol del Papa en la Iglesia recordando  la variedad de los carismas necesarios en el pueblo de Dios, se podrá subrayar los que caracterizan Francisco,  reconociendo de ante mano que se podría olvidar algunos y equivocarse con otros.

Partamos por el papel de “pastor”.  Las muchas expresiones pastoriles que tuvo el Papa Francisco para exhortar el clero llamaron la atención. Les pide a los sacerdotes y sus colegas obispos estar  “Con olor a ovejas” recordándoles  así una cercanía con la gente, una cercanía  necesaria para expresar la solicitud de Dios para su pueblo.  Si uno recuerda que  en América Latina se acostumbró a llamar “Padre” a los sacerdotes y Obispos, la imagen de “pastor” modifica esta relación.  Se pone el acento en una responsabilidad más que en una respetabilidad.  El pastor sale delante de su rebaño y lo reúne en el corral en la tarde.  Hay que recordar que los protestantes  prefirieron también llamar “pastores” a los ministros de sus comunidades.  En muchos temas y frente a muchos problemas, el Papa Francisco salió adelante  dando el ejemplo de pastor. Actúa como Obispo de Roma, tuvo por ejemplo este acercamiento tan significativo a los inmigrantes de  la isla de Lampedusa. La apelación de “pastor del pueblo de Dios”  es mucho mejor que la acostumbrada de “Santo Padre”.  En contraparte se debe decir que para los cristianos de hoy, el ser “oveja” no es una imagen muy grata  para su participación activa en la Iglesia.

A  Jesús, sus discípulos y la gente en general le llamaron “maestro” porque enseñaba, le reconocían un saber superior a los maestros de la Ley. Este rol de una sabiduría y de una inteligencia especial ha sido siempre apreciado en la Iglesia para los sumos pontífices. El mismo predecesor del Papa Francisco, Benedicto XVI  era un ilustre teólogo apasionado de la Verdad. El Papa Francisco, a pesar de su experiencia multifacética no podía equiparse en teología al que le había cedido el cargo. Tuvo el genial acierto de firmar al inicio de su pontificado la encíclica “La luz de la fe”. En este documento doctrinal, todos reconocen la mano de su antecesor pero  de firmarla,  Francisco confirmaba su adhesión al pensamiento teológico de su antecesor y de todos sus predecesores. La doctrina y la Verdad no es su pasión primordial pero  después de tantos siglos de una acentuación dogmática de la jerarquía se podía esperar otro carisma. Francisco prefiere hablar libremente sin preocuparse de un adoctrinamiento inequívoco. Esto le costó ser tildado de hereje por sus contrarios. Sin embargo se puede percibir su profunda teología personal primero en la exhortación apostólica “Evangelii laeticia” y después  en su Encíclica “Laudato sí”. En estos dos escritos afloran elementos de su formación teológica algo pre-conciliar pero que va desde la espiritualidad franciscana a la de Teillard de Chardin pasando por P. Ricoeur. Le inspiran sobre todo las obras del gran teólogo alemán Romano Guardini que ha sido el profesor del mismo papa Benedicto XVI. Sus numerosas referencias al catecismo católico y a los escritos de Juan Pablo II  revelan su preocupación de mantenerse en la ortodoxia.  Un detalle teológico que vale la pena subrayar  es que el Papa Francisco mantiene una devoción marial  pero prefiere referirse a la “Madre” de Jesús, madre de la evangelización, Reina de la Creación  y no la nombra “Virgen María ” o “Inmaculada”.

Siguiendo parafraseando el mismo texto de San Mateo mencionado, podríamos seguir preguntando a los que fueron a Roma: ¿A quién fueron a ver en el Vaticano? ¿A una hierba doblado por el viento? ¿A un rico con vestimentas lujosas? ¿A un profeta?

Sí, el Papa Francisco tiene mucho de profeta. Es un hombre sencillo y sobrio, es un predicador que quiere reavivar la fe de los cristianos. Su exhortación “La alegría del evangelio”  está dirigida a todos desde obispos a simple cristianos. Utiliza imágenes simbólicas de “una Iglesia pobre para los pobres”,  habla de “salir a la periferia”. Dice cosas de este estilo: “si es gay y busca a Dios, quien soy yo para juzgarlo?” o  “no se puede tolerar que el Mediterráneo se convierta en cementerio”… Sus diálogos con los periodistas es sorpresivamente espontáneo y sus reflexiones impactantes. Defiende a brazos partidos a los pobres y a los marginados de todo tipo, la Inclusión de todos y la Paz (su viaje a Colombia) son sus grandes temas y  tiene el talento de lanzarse contra viento y marea provocándose unos opositores y seguramente perdiendo ricos aliados del Vaticano.

Si uno toma en cuenta el tema de su encíclica “Laudato si”, se comprende porque el Papa tomó expresadamente el nombre de Francisco (el santo patrono de la ecología). Es porque quiso desde un  principio impactar al mundo entero con el tema de la preservación del medio ambiente y la calidad de la vida humana. Por su argumentación teológica para la defensa del medioambiente, llama a los cristianos y a todos los hombres a una verdadera conversión ecológica.  En esto, es sin duda un profeta valiente.

El sumo pontífice (así se llaman tradicionalmente a los papas)  tiene un rol eminente sacerdotal.  La apelación “Pontífice”  refiere  al rol de “puente” entre Dios y los hombres. La palabra “sacerdote” , ella da de pensar en el ministro reservado para lo “sagrado”, es  el habilitado para purificar, santificar; su ámbito es el templo, el misterio, la espiritualidad, la administración de los sacramentos, la liturgia, la oración y la piedad. Cuando  asumió el papa Francisco y pidió que todos rezarán en silencio para él, quitó lustre a esa imagen de “sumo pontífice”. Por sus críticas severas al comportamiento de los clérigos acusándoles de buscar hacer carrera, de acomodarse en lujos…quiere restaurar la función sacerdotal. En muchas oportunidades los periodistas quisieron abrir el tema con él para preguntarle acerca de la ordenación de hombres casados y de mujeres sacerdotes. A menudo sus respuestas fueron corredizas: “que Juan Pablo II había dado la última palabra en el tema, que, como ejemplo, María estuvo en medio de los apóstoles y que ella cumple un rol importante en la Iglesia…” Se le escucharon palabras duras para con los sacerdotes que se retiraron pero dilata las soluciones verdaderas a la escasez de sacerdotes para las comunidades católicas. Por la falta de ministros adecuados, muchos sacramentos caen en desuso o en se desvalorizan. Dios mismo parece más distante y operan las mediaciones bien problemática de la devoción a los santos.  Se mantiene las misas como realizaciones litúrgicas operadas por funcionarios autorizados para ello. ¿No se debería dar mayor importancia al sacerdocio compartido de todos los bautizados, no se debería devolver a la eucaristía su carácter comunitario? Por el protocolo y el formalismo, las misas-eventos como las que celebrará el Papa en Chile pueden ser una lustrada de religiosidad como lo ha sido la visita de Juan Pablo II anteriormente.

En el bautismo, se declara igualmente que el nuevo cristiano entra a forma parte de un pueblo de “sacerdotes”, “profetas y “Reyes”. ¿Es  Rey el Papa Francisco?

Jefe de Estado  de estilo monárquico, lo es  y como tal lo recibirá el gobierno chileno. La bandera del Vaticano es blanca y amarilla. La existencia del “Estado de la ciudad del Vaticano” resulta de una larga historia europea que término con el tratado del Letrán entre Mussolini  presidente de Italia  y el Papa Pio XI en 1929. Se confinó el Papa  en  un territorio de  44 hectáreas. Le quitaron sus territorios pero no su dignidad. Le dejaron la autonomía e prestancia a nivel internacional  al Papa y esto permite al Vaticano mantener embajadores (los Nuncios) en todos los países que los acreditaron y de participar de organizaciones internacionales.

Llegando a fondo del problema, se puede recordar que Cristo  confirmó a Pilato que era Rey pero que su Reinado no era de este mundo. Cuando pedimos a Dios “que venga a nosotros su Reino” no pensamos en una autonomía territorial, tampoco en una soberanía de Dios exclusiva para los que Dios salva, dejando el  resto del “mundo” al diablo, a lo contrario pensamos en una realización histórica de la misma humanidad que en su evolución logra entrar paulatinamente en las perspectivas divinas por obra del Espíritu Santo; pensamos en un Reino de Amor para la humanidad. Esta perspectiva del Reino de Dios nos cuestiona nuestra condición de cristiano constructor de un mundo más justo y más fraterno. En esto debemos ser reyes. Lo que podemos decir del actuar del Papa Francisco respecto a la construcción de la sociedad humana, lo hemos dicho respecto a su rol profético.

En las realizaciones concretas, puso las manos en la masa para corregir los manejos económicos y administrativos del Vaticano, pero la transparencia aparece bien poco todavía en las finanzas de la Iglesia. Tiene intenciones de reformar la Curia Vaticana pero sigue manteniéndola mayormente clerical. Pide a los laicos asumir responsabilidades en la Iglesia pero las mujeres siguen postergadas.  Si es un “rey” pero mantiene estructuras eclesiásticas de la Iglesia en un estilo poco democrático al revés del desarrollo de las organizaciones civiles. La mantención de los Nuncios le sirve para nombrar a los obispos y para controlarlos desde su organización central. También mantiene un sistema judicial que deja mucha disconformidad  frente a la corrupción que existe en el clero. La misma ambigüedad que existe en el impresionante costo de los viajes del Papa contrasta con el espíritu de pobreza que el mismo Papa predica.

Pasando a hablar de esos viajes, se podría preguntar: ¿Se perfila como líder el papa Francisco?  En las épocas más difíciles, se necesitan  quienes son capaces de convencer y de aglutinar masas por sus reformas. Juan Pablo II ha buscado impactar el mundo con su personalidad y su imagen de fuerza. Pero los resultados de su periodo no lograron confirmar un liderazgo exitoso, fueron años de decadencia para la Iglesia.  El Papa Francisco se presenta con una imagen muy distinta y  los Medios de comunicación social  y sus viajes dan para que muchos lo sigan. Pero donde se espera un liderazgo suyo especial es entre sus pares los obispos. ¿Podrá convertir a muchos, podrá nombrar a futuro verdaderos obispos?

Podemos preguntarnos por un último carisma necesario en la catolicidad y también a todos los hombres del mundo. El papel de “consejero espiritual”, de “médico de las almas”. Quizás sea éste el talento más original de nuestro Papa actual.  Su predicación decretando el año de la “Misericordia” de Dios, su moral que salió de las amenazas y condenaciones, su espíritu positivo  que busca hablarle al corazón de los cristianos son de una persona que conoce a los hombres. La fe que se individualizó tanto necesita unas palabras tranquilas, sencillas, reconciliadoras  como la de Francisco. El hombre moderno tiene que reencontrarse con Dios en la intimidad de una fe en camino. Francisco pide ponerle corazón a la fe y darle tiempo a los cambios, esto último, lo repitió varias veces.

Lamentamos que su viaje a Chile se programó como  una carrera contra reloj. No va tener mucho tiempo para dialogar sobre los problemas propios del país. Es de esperar que, por él,  los fieles muy sensibles a esos encuentros masivos puedan recibir de Dios los incentivos espirituales para animar sus comunidades locales para evangelizar las futuras generaciones.

De que tiene un estilo muy distinto al de una encíclica más teológica. En ella  parte recordando que el evangelio es un anuncio alegre y por esto se presenta muy crítico de la Iglesia por su estilo del pasado, su mundanidad, su  rutina, teología de oficina…invita a  abrir las puertas, salir afuera, descentralizar, ponerle corazón al modo de predicar y después repite su dese de una Iglesia pobre para los pobres, denuncia la economía que mata, aconseja el dialogo y darle tiempo para los procesos de paz  para terminar con una oración a María, que califica de madre de la evangelización. 

Paul Buchet   –   Temuco

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